Gonzalo Calcedo. “Siameses”

Viaje de retorno.

“Siameses” reúne dos libros de Gonzalo Calcedo: “Otras geografías” (Premio NH, 1996) con prólogo de Carlos Castán y “Liturgia de los ahogados” (Premio Alfonso Grosso, 1997) con prólogo de Juan Bonilla. Segundo asalto de Tropo Editores que es acertada recuperación y redescubrimiento de un autor y un estilo. Pero la curiosidad merece una advertencia previa: la narrativa de Calcedo puede producir perplejidad. Un cierto desconcierto ante su estilo aséptico y frío, de quirófano bien iluminado. La turbación de hacer creer que juega al escondite con el lector.

Recuerdo que cuando me sentí fuera de juego me acordé de Funny Games, la película de Michael Heneke. De aquel momento en el que los protagonistas se encuentran con sus vecinos. Sonríen y disimulan cuando en realidad están aterrorizados. Y actúan como si no pasara nada. Notan algo raro, pero no saben qué es.

Y es que quizás estamos acostumbrados a los relatos de lenguaje obligadamente genial; al relámpago del párrafo deslumbrante. A los relatos piñata, de sobre sorpresa. Y lo que pasa es que Calcedo no escribe relatos de esos. No practica ese estilo. El suyo es el de un mundo furtivo, agazapado entre lo que vemos y oímos, lo que él nos cuenta. Relatos en los que hay algo subyacente, extraño e inquietante, algo desolador que se insinúa; una angustia, un zumbido eléctrico. La incomodidad no es producto de la incapacidad del lector sino del convencionalismo y la costumbre de leer esperando que pase algo, que algo explote, se incendie o derrumbe con estrépito. En los relatos de Calcedo aparentemente no pasa nada y eso resulta desconcertante. Pero llegar a esa conclusión no es más que una apreciación superficial porque en verdad sí que pasa algo; en todos hay una situación a la que los personajes deben enfrentarse; un hecho que se cruza en su camino, llama a su puerta, aparece debajo de una cama, sale a su encuentro, sucede por pura casualidad. Lo decisivo es lo que destapa, lo que se oculta, se dice por resentimiento y se calla por cobardía, hastío, pereza o prudencia. Calcedo es un retratista, un cameraman literario. Él crea el relato y nos lo presta con sus evidencias y sus vicios ocultos, su trasfondo turbio y triste en una escritura diáfana y sin adornos. Ellos –los protagonistas- nos incomodan porque nos vemos reflejados en lo que hacen y dejan de hacer. En su culpa,  su arrepentimiento, sus cuentas sin saldar, sus discusiones, sus vidas resquebrajadas, su tedio, sus derrotas, su mudo rencor y, sobre todo, sus palabras pendientes y sus silencios.

Quizás corre el riesgo de que, por ser fiel a su estilo, pueda resultar monógamo y repetitivo. Pero siempre será una referencia. Tal vez el mérito esté en saber mezclar todos los estilos, hacer cada libro distinto. Pero estos “Siameses” de Calcedo tienen el innegable acierto del redescubrimiento, de mostrarnos que hay otra forma posible de escribir relatos. Elegirle o no es cuestión de gustos y predilecciones, pero siempre después de haberlo leído.

“Siameses”. Gonzalo Calcedo. 167 páginas. Tropo Editores. Zaragoza, 2011. Con prólogos de Carlos Castán y Juan Bonilla. 

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