Benjamín Escalonilla. “Generación tch!”

Nuevos tiempos para la lírica.

Esta novela es un artefacto realmente ingenioso. Algo inaudito, novedoso; algo más que un simple libro, un proyecto de lectura interactiva que va más allá del papel. A algunos les parecerá una estrategia publicitaria, a mí me ha sorprendido su inteligencia. Escalonilla ha hecho una novela hipertextual, una guía audiovisual, un foro de encuentro y debate, una perfomance literaria. ¿El formato del futuro inmediato? “Si no llamas la atención ¿de qué sirve nada?

Pero también más allá de esa aparente ¿estrategia comercial?, del aprovechamiento y explotación de los recursos multimedia, de las posibles coincidencias oportunistas con cierto y discutible movimiento indignado, Escalonilla ha escrito una novela de aprendizaje. De esa verdad que sólo se aprende en carne propia, con un buen golpe. Una novela trepidante con punto final, rebobinado y play en la que desvela la trama con rápida lentitud y lenguaje universal. Fin de trayecto desde el que rememora el pasado y la mutación que provocó el nacimiento de una nueva conciencia personal y un nuevo decorado. Y es que el protagonista -muy cerca de los cuarenta años- junto con dos amigos decide organizar el Colectivo tch!: “un grupo de protesta con el objetivo de canalizar la desilusión por el sistema y despertar la conciencia crítica de los demás”. Idealismo activista que pretendiendo ser autosuficiente e independiente acaba devorado por el canibalismo político y sus tentáculos. Al final, además de la lección bien aprendida, lo que queda es una pérdida individual de la inocencia, la clarividencia de la madurez. Porque para alcanzarla debemos perder por el camino amistad y amor; conocer y sufrir la debilidad humana; reconocer el precio del compromiso y su jornada de horas extras; la oscura trastienda de la política y el poder, la manipulación sutil y la violencia sin eufemismos; el irresistible magnetismo del partidismo ideológico; la trampa, la compraventa del dinero y su peaje. Debemos recibir el doloroso golpe que nos hará abrir los ojos, hacernos más viejos y sabios, lúcidos, coherentes, pragmáticos, realistas e inconformistas.

Y más allá de ciertos planteamientos argumentales con los que se puede o no estar de acuerdo, más allá de cierta pedantería cultural y gastronómica en ocasiones cargante; de  afirmaciones categóricas sobre las influencias y el intrusismo que parecen negar al individuo su capacidad de elegir, decidir y pensar por si mismo, como si no fuéramos más que una masa teledirigida; más allá de eso me quedo e identifico con esa ingenuidad que yo también perdí pasados los treinta y que me llevó a mi actual escepticismo e individualismo militante. Pero, sobre todo, me quedo con la inteligente autocrítica, con la descripción del neo-burgués y su contradicción; con la sonrisa de un desnudo colectivo en un mitin político; con una revista escrita en un marca-páginas y con el único compromiso por el que realmente merece la pena luchar: señalar la belleza de forma original y anónima, reivindicar lo bonito sin firma.

Novela de pérdidas y ganancias. Ganancias pequeñas y personales, pero realmente valiosas. Porque estaremos condenados a perder algo, pero siempre a cambio de ganar algo.

“Generación tch!” Benjamín Escalonilla. 325 páginas. Editorial Planeta. Booket. Barcelona, 2011.

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