Juan José Porto. “Buñuel insólito”

Penúltimo suspiro

Todos tenemos mitos. Personajes a los que admiramos y nos gustaría conocer. Me temo que los míos están todos muertos desde hace mucho. Y Luis Buñuel está entre ellos. Lo mismo le pasa a Juan José Porto. La gran diferencia es que él tuvo la suerte de conocerlo. Y este libro es la memoria recuperada de esa buena suerte que le envidio.

En modo alguno he pretendido actuar de biógrafo al modo tradicional. Mi intención, mi propósito, era revivir al narrar vivencias impagables junto, o simplemente próximo, a un hombre que deja huella en su mundo. Buñuel accede a hablar con un joven Porto periodista con la condición de que nunca publicase cuanto hablaran. Y él cumplió la exigencia. El primer encuentro tuvo lugar en Madrid en 1967 y cuarenta y cuatro años después Porto se decide a contarlo. Y ese larguísimo silencio crea una expectativa problemática. Nuestra sobrealimentada alma de cotillas televisivas espera encontrar lo nunca antes leído; la exclusiva. Y no hay nada de eso. Hay mucho de lo que ya sabíamos, pero en las palabras de Porto lo conocido suena de nuevo y renueva la admiración compartida; la empatía. Porque un libro que trata sobre alguno de nuestros mitos nunca cansa ni defrauda a no ser que seamos un erudito especializado o un amargado envidioso. O ambas cosas a la vez. Envidia de que Buñuel le escribiera cartas a Porto llamándole querido amigo aunque se trataran de usted; envidia de haber paseado con él por la Gran Vía; de disfrutar de su consideración sin ser un adulador interesado, un oportunista o un fan histérico. Aunque en toda veneración hay siempre algo de subjetividad, fabulación y silencio de lo incómodo, este libro debe leerse como las palabras de alguien que reconoce que me impresionó el creador y me admiró el hombre y desde esas dos perspectivas escribe sobre su obra cinematográfica y a la vez recordando su inmensa, contradictoria y siempre estimulante personalidad.

Y sí, mucho de lo que cuenta del personaje público ya lo sabíamos, incluso esa confesión de que yo hago películas porque no sé escribir. A mí, en realidad, lo que me hubiera gustado es ser escritor. Pero recuperar a Buñuel nunca es una pérdida de tiempo y más si es la opinión de alguien que le conoció; porque siempre hay sitio para lo nuevo, como el encontrarse a François Truffaut en Toledo en el rodaje de Tristana y que le diga a Porto que estaba allí por si el maestro necesitaba tabaco o cerillas y recordar el homenaje que el director francés le había rendido en su película “La noche americana”. Buñuel y todos sus adjetivos eternos: escandaloso, surrealista, provocador. El cineasta y sus obsesiones: la fe, la moral burguesa y sus hipocresías, el fetichismo y la necrofilia. El hombre y su carácter: metódico, socarrón, irónico, generoso, maniático de la puntualidad, tierno y cruel.

Imprevisible Buñuel, fantasma de la libertad, inolvidable olvidado, bruto de infinita delicadeza, nazarín con fe en el hombre imperfecto, centinela sin guardia, y por encima de todo, gozoso tributario de la imaginación y permanente liberado de la razón establecida por los hombres.

Juan José Porto. “Buñuel insólito”. 119 páginas. Editorial Berenice. Córdoba, 2011.

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