Alberto Chimal. “Siete”

Reseña publicada en la revista “Culturamas”, el martes, 20 de marzo, de 2012

http://www.culturamas.es/blog/2012/03/20/especial-alberto-chimal-por-siete-resena-y-entrevista/

Sí y no

Tenía un cuerpo perfecto y se contoneaba maravillosamente. Sólo al quitarse el tanga descubrí que no era una mujer.

¿Estamos acostumbrados –malacostumbrados quizás- a esta clase de relatos? Es posible, pero no del todo. No se trata –simplificando- de un combate Poe vs. Chéjov.  Gonzalo Calcedo y Sergi Pàmies lo confirman: para que un relato sea bueno no tiene –obligatoriamente- que ocurrir algo inesperado. Basta sugerir en lugar de mostrar con descaro.

“Siete” es una colección de veintiséis relatos del escritor mexicano Alberto Chimal. Un conocido –y reconocido- autor en su país con más de una docena de libros de cuentos, una novela, un ensayo y una obra de teatro publicados. “Siete”, según se afirma rotundamente en la portada, es una recopilación de sus “mejores relatos”. Y esa afirmación crea una peligrosa expectativa. Peligrosa porque ya sabemos lo que a veces pasa con las expectativas. Con una recopilación literaria sucede lo mismo que con la música: que esperamos encontrarnos veinte canciones redondas y perfectas. Y en “Siete” no sucede eso.

Lo que nos vamos a encontrar en estos veintiséis relatos de Alberto es una multitud de registros y estilos. Genial despliegue imaginativo y lingüístico. Humor y alquitrán. Pasarela con ¿lo mejor de la colección de su fondo de armario? Diversidad temática y formal. Relatos largos, medios y cortos. Argumentos diferentes en cada uno: clasicismo, historia primitiva, ciencia ficción, cuento árabe y oriental, tragedia clásica, -en algunos me ha recordado a Ángel Olgoso– obsesiones bíblicas, narración contemporánea e incluso diálogos teatralizados.

Chimal es capaz de todas las metamorfosis, es un fabulador sorprendente, un contorsionista literario, un camaleón que muta y cambia de color. Y todos esos méritos son algo que no le voy a negar. Alberto es capaz de recrear una realidad paralela dentro de la cotidianidad. Realidad por él reducida, alterada, manipulada y troceada; por él convertida en microscópica, incompleta, misteriosamente deformada y a la vez real. Sí, todo eso, pero también en bastantes relatos abusa sin control de esa capacidad de fabulación. Y semejante exceso y desvarío me lleva a la perplejidad y de ahí al rechazo y la deserción.

Normalmente en un ramo solemos descubrir un par de flores de plástico. Un trampantojo, una licencia, una excentricidad de autor que completa el conjunto. Alberto lo hace al revés; en un ramo artificial descubrimos la belleza misteriosa y natural de varias flores auténticas. Desconozco si esta selección la ha hecho el autor o el prologuista a su gusto. Pero el mío me dice que en este viaje de largo recorrido (293 páginas) se mezclan las historias absolutamente seductoras y formalmente diversas como “Se ha perdido una niña”, “Álbum”,“Manuel y Lorenzo”,“Variaciones sobre un tema de Coleridge”,“La mujer que camina para atrás” y “La partida”; los relatos híbridos entre un sí y un no, unas veces más que sí y otras a medias como “Shanté”, “Mogo” y “El señor de los perros”; con los delirios que superan todas las líneas en un gratis total: “Capo de capos”, “Navidades alrededor del mundo”, “Corredores” o “La llegada del reino”.

Un libro de relatos no tiene que ser el tren de la bruja o el cubo de rubik. Una mosca en la sopa o un test de inteligencia, ni la interpretación –libros con manual de instrucciones- de una pintura abstracta para que se luzcan los críticos y los lectores se autoflagelen porque no saben apreciar su valor. No hacen falta la obviedad ni la resolución de la fábula para apreciar su sabor en el paladar de cada uno. Basta la seducción con cualquiera de sus disfraces.  Los relatos de Chimal producen desasosiego sin mostrarse del todo. La realidad puede producir inquietud incluso pixelada, insinuada, iluminada de forma indirecta. Y Alberto lo sabe y lo consigue. Y dentro de ese claroscuro, ese escenario por él creado –mitad irrealidad y mitad verídico- somos capaces de reconocer al hombre y su laberinto. Por eso me sorprende tanto cuando pierde el equilibrio y cae en lo cómico y el lugar común para epatar y ganarse la calderilla de unas carcajadas, o cuando el absurdo toma el poder y el relato se convierte en un viaje lisérgico.

Sin duda me quedo con esa parte del narrador de talento e ingenio que entre el asombro y el dolor, lo verdadero y lo inconcebible nos muestra a un monstruo de dos cabezas con apariencia de hombre.

Alberto Chimal. “Siete”. Editorial Salto de Página. Madrid, 2012.

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2 pensamientos en “Alberto Chimal. “Siete”

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