José Luis García Martín. “Lecturas y lugares”

Turismo literario

Hay libros que producen un irrefrenable sentimiento de envidia. Y este es uno de ellos.

Para el amor y el odio cada uno tiene sus particulares motivos. El mío para sentir envidia –una de las derivadas del odio- es que a mi me gustaría hacer un libro como éste. Un libro ilustrado con mis fotografías y artículos. Viaje, fotografías en blanco y negro y texto. Lugar, imagen y palabra. Contrato indefinido del recuerdo. Fe de vida y tránsito.

José Luis García Martín ha escrito un libro minúsculo y múltiple. “Lecturas y lugares” es un “cuaderno de viajes”, turismo literario, búsqueda, encuentro y evocación. Y de nuevo siento envidia porque yo, además de haber viajado poco, los únicos viajes de peregrinación literaria que he hecho han sido ir a Vera de Bidasoa a ver (por fuera) Itzea, la casa de los Baroja (Pío y Ricardo) y pasar varias veces por el callejón del gato. Me deja en cierta manera el complejo de los que hemos viajado de noche sentados en una silla, la ventana cerrada, los codos apoyados en una mesa, el libro abierto y en las estanterías los albúmes de fotos de las vacaciones familiares en la playa.

“Lecturas y lugares” son los viajes hechos a propósito por José Luis para encontrarse con la sombra de algún escritor, como ir a Éze, una villa medieval de la costa Azul, en donde estuvo Nietzsche. Pero es, sobre todo, un inventario de viajes en los que se aparece el recuerdo de los escritores que estuvieron allí. Como ir a Nápoles y contemplar el Vesubio desde la cubierta de un crucero y recordar a Leopardi. Ir a Ginebra y recordar a Amiel. A Coimbra y Eça de Queirós. A Venecia y Henry James. A Plovdiv (Bulgaria) y encontrarse por casualidad con el recuerdo de Agustín de Foxá.

Pero también es un diario de vivencias personales. De viajes en solitario. Emborracharse de melancolía en Coimbra. Volver a Roma y a su cementerio Acatólico, un lugar fuera del mundo donde recordar a Shelley y Keats, y al escritor sueco Axel Munthe. Ir a  Nueva York y encontrar en una librería de viejo “Doble esplendor”, la novela de Constancia de la Moray recordar la desaparición de José Robles, el traductor de John Dos Passos; y en el mirador del Rockefeller Center encontrarse por casualidad con alguien que le cuenta que la novela en realidad la escribió la escritora norteamericana Ruth Mckenney, y que hablando de la militancia política de la española le pregunta si ha leído “Yo, comunista en Rusia” de Ettore Vanni, “un testimonio estremecedor de cómo trataron en la Unión Soviética a los comunistas españoles”. Y entonces me acuerdo de “Enterrar a los muertos”, de Ignacio Martínez de Pisón.

Artículos que hablan de la saudade en unos viejos ABC que compró en un rastro y leyó en Lisboa. La conversación y la historia que le contó en un taxi un americano mientras buscaban su barco en el puerto de Florencia. Lo que le contó un amigo en Venecia del Conde Cini. La historia de un gondolero de la misma ciudad y su abuelo que conoció a Cortazar. El recuerdo de Pablo Suero, poeta y periodista asturiano, que publicó un libro “Figuras contemporáneas” con un prólogo titulado “Viajando por paisajes y almas” y que, en cierta manera, puede ser su contrafigura. Pablo Suero del que José Luis dice: “Gran periodismo es “España levanta el puño”, un libro ahora reeditado, que hace revivir, como ningún otro, aquella España exasperada y aún esperanzada de los meses que precedieron a la guerra”. Y yo escribo unos enormes y alucinados signos de interrogación entre exclamaciones y me acuerdo de “Palabras como puños” de Fernando del Rey. Y el capítulo último de un viajero que “siempre descubriendo mediterráneos” encuentra uno cerca de su pueblo, Aldeanueva del Camino (Cáceres), y es Cáparra y su romano arco triunfal de cuatro pilares.

“Lecturas y lugares” es un libro que me ha producido sentimientos contradictorios, enfrentados. Por un lado produce fascinación y envidia por el conocimiento, la cultura literaria de José Luis; por esos viajes en solitario, por los lugares que me ha enseñado y se convierten en anotaciones en mi libreta de utopías, destinos imposibles, lugares que seguramente nunca veré. En cada lugar convoca el recuerdo de los escritores, conoce su biografía, sus pasos pedidos; recita alguno de sus poemas, memoria de una biblioteca portátil. Pero también en algunos momentos resulta excesivamente pedante, incluso cursi; hipersensible poeta del éxtasis literario. San Sebastián lacerado, literato siempre en su papel. Catedrático erudito que reproduce versos en italiano y portugués (sin traducción a pie de página); pose y lenguaje abrumador de los permanentemente sublimes, herido por el rayo que no cesa, rococó literario que no parecen pisar este mundo, su fango ni su menú del día. Prefiero algo más cerca de lo humano, como Sergio del Molino y su “Restaurante favorito de Nina Hagen”. Prefiero, con diferencia, el estilo y la forma de Hilario J. Rodríguez en su “Mapa Mudo” -también publicado por Vagamundos-, en el que habla de escritores, lecturas, libros, lugares, fantasmas y literatura.

José Luis García Martín. “Lecturas y lugares”. 61 páginas. Vagamundos libros ilustrados. Ediciones Traspiés. Granada, 2011.

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