Isabel González. “Casi tan salvaje”

La elipsis y el K.O.

Miguel de la Cuadra Salcedo batió el récord mundial de lanzamiento de jabalina, pero no se lo reconocieron porque la forma no era ortodoxa, no estaba homologada, no lanzaba como todos los demás. Isabel González descubre que es posible otra forma, que en los relatos no hay reglas, que la libertad es la única norma y el K.O. (o la victoria por puntos) lo único que cuenta.

Los relatos permiten la informalidad, el libertinaje; luego cada escritor decide ajustarse más o menos a lo convencional o crear su propio reino, su propio territorio. Isabel tiene el suyo. Isabel es indígena y descubridora. El polimorfismo es el paisaje de ese archipiélago y la espeleología y el submarinismo la forma de recorrerlo. Lo subliminal, lo oculto, la sugerencia, la lengua mordida; el zumbido de un avispero invisible. Y también el dolor, la ironía, el camuflaje, lo subterráneo, el recuerdo, la ausencia, el daño, la herida, el silencio, la equimosis, el secreto, la negación y la verdad; la humanidad de cuerpo entero, sus sentimientos y su descarnadura. Isabel hace posible que lo importante de un relato sea la elipsis, lo que no se dice y se intuye, la trastienda, lo que no se ve y sin embargo se muestra. Isabel revela que se puede inocular la angustia sin jeringuillas, por vía oral; hablar del síntoma sin nombrar la enfermedad. Su sintaxis son telegramas, golpes certeros. Mientras otros dan largas, elegantes y lentas zancadas, Isabel avanza de puntillas y cada paso es una patada en la espinilla. Cada relato es un golpe en el plexo solar que, en lugar de hacernos cerrar los ojos, logra que los abramos más; aturdidos, todavía en pie; conscientes, pero vencidos.

Me fastidia tener que ser jurado en este concurso de belleza. Algunos son realmente excepcionales, muchos muy buenos y otros ininteligibles. Son raros, es verdad; te hacen achinar los ojos en una interrogación, poner la mueca del que no entiende. Extranjeros que hablan la misma lengua. Pero me niego a descalificarlos por feos. Son incomprensibles, oscuros; pero en todos hay un algo hipnótico, atractivo. Y por salvarlos me invento premios para todos: Miss paradoja, miss miope, miss coraje, miss lolita… La perfección es el más falso de todos los mitos.

Cada uno establece una relación con un libro y éste es para mí el del atrevimiento formal, una referencia narrativa, y es también un estímulo personal. No estamos en el mismo peldaño del cajón; más bien yo estoy abajo, entre el público, esperando el húmedo impacto de alguna gota del champán que Isabel agita. Pero siento un agradecido alivio del temor a mi soledad, la posible rareza de mis gustos. Igual que otros escritores me enseñaron el valor de las palabras genio, narrativa poética y la complejidad de lo simple, la de Isabel es una revelación profana, saber que es posible colarse en la fiesta rompiendo el protocolo. Otro vestido, otros complementos, un maquillaje distinto. Otra forma de hablar. Isabel abre el camino. Pionera insólita me demuestra que es posible salirse de las normas, batir el récord lanzando la jabalina con tu propio estilo.

Isabel González. “Casi tan salvaje”. 150 páginas. Páginas de Espuma. Madrid, 2012.

La sensacional fotografía elegida para la portada es de Laci Kuskulic.

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2 pensamientos en “Isabel González. “Casi tan salvaje”

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