Hermanos Grimm. “Del Enebro”

Pájaro con corazón humano

“Caperucita Roja”, “Blancanieves”, “La Cenicienta”, “Hänsel y Gretel”, “La Bella durmiente” y “Rapunzel” son cuentos -y películas- conocidos por todos. Y sin embargo muy pocos saben quienes son sus autores. Son historias y personajes tan populares, tantísimas veces vistos, oídos y versionados que ya no tienen dueño, han pasado a ser patrimonio de nadie y de todos. Podemos contar otra vez el cuento, recordaremos perfectamente la película, pero ¿quién lo escribió? No, no fue Walt Disney. Todos esos cuentos son de Jacob y Wilhelm Grimm.

Los hermanos Grimm quisieron compilar en un libro los relatos orales de la época. Esas historias que se transmitían de palabra entre una población que en una gran parte era analfabeta. Y así publicaron en 1812 su primer volumen de cuentos: “Kinder-und Hausmärchen” (Cuentos para la infancia y el hogar) al que seguiría un segundo tomo en 1815.  A pesar de lo que diga su título esos dos libros no estaban pensados para los niños sino que eran una recopilación erudita del folclore alemán. En 1825 publicaron “Kleine Ausgabe” (Pequeña Edición) un libro con cincuenta de sus relatos ilustrado por Ludwig -otro de los hermanos- y esta vez sí destinado al público infantil. Pero la burguesía (los que sabían leer y escribir en el siglo XIX) se escandalizó con la brutalidad y crueldad de los cuentos de los Grimm. Viejas historias que sus paisanos contaban desde hace siglos, posiblemente desde la Edad Media, en la que la brutalidad era algo muy corriente y nada escandaloso. Y debido a esas quejas, pero también al éxito editorial de sus cuentos, los hermanos Grimm fueron los primeros en suavizarlos y autocensurarse, rebajar su alta y virulenta graduación.

Con el paso de los años, de los siglos y de las miles de versiones los cuentos originales todavía se han ido edulcorando más, desdibujando o eliminando sus aristas más salvajes. Supongo que porque se empezó a contar cuentos para que los niños se durmieran y no para que tuvieran pesadillas. Aunque hoy en día todavía sorprende cuando el leñador le abre (sin anestesia) la tripa al lobo con unas tijeras, saca de su interior a Caperucita Roja y a la abuela ¡todavía vivas! (como Jonás, Pinocho, Gepeto y Pepito Grillo en el vientre de la ballena) se la llena de piedras y cosiéndola se la vuelve a cerrar. Operación a la que –como es normal- el lobo sobrevive y además le hace convertirse en vegetariano. Les ponemos a salvo de la crueldad de los cuentos y les dejamos solos frente al televisor. O viendo con nosotros el telediario de un día cualquiera.

“Del Enebro”, como explica Jessica Aliaga en su “Nota a la introducción”, es uno de los cuentos populares recopilado por los hermanos Grimm y publicado en ese “Kinder-und Hausmärchen” de 1812. Primer volumen del que ahora se cumple el 200 aniversario de su publicación y al que Jekyll&Jill le hacen su particular homenaje con esta reedición en solitario. Los editores “han pretendido una vuelta al cuento original, en su forma y en su sentido. Y esta no es una adaptación suavizada del relato, apta para todos las sensibilidades sino el cuento crudo y sanguinario que una vez entretuviera a unos y escandalizara a otros”. No es pues, un cuento para niños de hoy en día; quizás porque la palabra cuento se ha convertido en algo obligatoriamente blanco e inocente, perdiendo su significado inicial de narración breve. “Del Enebro” no es para todos los públicos; es un cuento más próximo al negro Poe y a sus cuervos que a los cuentos de hadas. Más próximo al gore sangriento de los relatos de Ambrose Bierce que a las películas de Disney.

“Del Enebro” es un cuento políticamente incorrecto porque en su argumento hay un parricidio de ida y vuelta y canibalismo a tres cucharas mezclado con los elementos típicos de estas narraciones: lo mágico, lo misterioso, lo absurdo y lo inexplicable. En el que hay (cómo no) una madrastra malvada, celosa, avariciosa y poseída por el maligno. Elementos simbólicos: la manzana, la mujer y el diablo. Inocencia, lealtad, gratitud, culpa, venganza, castigo, justicia, final feliz y moraleja.

“Del Enebro” es un cuento sádico, brutal; pero clásico en su lenguaje y en su contenido. Lo macabro garantiza la conmoción del oyente, capta su atención; y el morbo asegura que la historia se grabará en la memoria. Puedo asegurar que el pasaje de la cabeza cortada y la colleja [sic] no lo olvidaré jamás. Lo increíble, lo fantasioso, lo sobrenatural era inherente al cuento, igual que el castigo del malvado era el mensaje, la parte de enseñanza.

Jekyll&Jill han obtenido el Premio al Libro Mejor editado en Aragón en 2011 por “Un día me esperaba a mí mismo” de Miguel Ángel Ortíz Albero. Con este “Del Enebro” son uno de los indiscutibles favoritos para volver a ganar ese mismo premio en 2012. Porque este libro es de los más hermosos, delicados y originales que he visto en muchos años. Una autentica maravilla artística. En las exquisitas ilustraciones de Alejandra Acosta –al estilo de los grabados antiguos- el rojo de la sangre cobra un especial y destacado protagonismo entre el blanco y negro. Y además, como siempre, dentro del libro un regalo, un objeto que lo simboliza y resume. En este caso un juguete, un “Taumatropo”, un pájaro con corazón humano.

“Del Enebro”. Hermanos Grimm. Prólogo de Francisco Ferrer Lerín. Ilustraciones de Alejandra Acosta. Edición bilingüe español-alemán. 77 páginas. Jekyll&Jill Editores. Zaragoza, 2012.

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