Salvador Gutiérrez Solís. “Escritores”

Reseña publicada en la sección “Literatura” del suplemento dominical del Diario del AltoAragón, el domingo, 1 de julio de 2012.

Escritores anónimos

“Escritores” es un libro para escritores. Y perdón por la frase, pero tiene una explicación. Los protagonistas de todos estos relatos son narradores o poetas primerizos, inéditos, diletantes o segundones. Y escribir una novela, un poemario o un cuento es la trama, la obsesión, el tormento, la felicidad y el asunto de estos relatos. Por eso éste es un libro destinado a todos esos enfermos. Porque esto de escribir es una enfermedad, una intoxicación, una droga de las duras. Y estos relatos son un espejo diáfano y lacerante en el que mirarnos, pero al mismo tiempo suponen un consuelo, porque los escritores sentimos verdadero alivio al encontrar a otros que están igual de mal que nosotros, que padecen los mismos síntomas, el mismo padecimiento. Que se nos invite a una reunión de anónimos juntaletras: “Hola, me llamo mengano y soy escritor”. “Hola mengano, te queremos y sabemos cómo te sientes”. Escritores anónimos con minúsculas, con interrogaciones.

Como terapia Salvador nos propone reírnos de nosotros mismos. Sí, recordar aquellos años de facultad y juventud en los que nos descubrimos diferentes, hipersensibles y nos creímos tocados por un rayo divino. Y buscábamos a los iguales, el refugio del grupo. Y acudíamos a recitales de poesía en bares de copas porque las viejas tertulias de café se habían transformado en literatura con micrófono, cerveza, chupitos y marihuana. Y los poetas tenían que ser malditos y sucios, y los escritores modernos y extranjeros. Y nosotros ser como ellos. Y escribíamos poemas para ligar y repetíamos estribillos como loros amaestrados. Sí, éramos ridículos, pretenciosos, borregos; rematadamente idiotas.

Es posible que muchos de aquellos lo hayan superado y no sientan el vértigo del vacío al mirar atrás. Es posible que a algunos, al leer “Escritores”, se les quiten las ganas de serlo o intentarlo al descubrirse patéticamente reflejados en sus relatos. Pero otros ya no tenemos cura; hemos contraído la enfermedad de adultos y no pensamos dejar de fumar (tabaco) ni de juntar palabras. Si tienen algún valor eso es otro cuento. En cualquier caso le daremos las gracias a Salvador por contar las miserias, los miedos, las dudas, la ansiedad, el síndrome de abstinencia y de Estocolmo del escritor. Le daremos las gracias por la carcajada, la imaginación y la empatía. Por hacer de la literatura y la creación literaria el argumento, el complemento directo e indirecto de sus historias. Y por atreverse a contar las verdades, lo que hay detrás de algunos premios y sus jurados, de las agencias literarias; los pícaros, arribistas y mercaderes, la parte de estafa, oportunismo y negocio que hay en este parque temático.

Algunos dirán que Salvador es un escritor malaleche. Yo creo que su ironía es fundamental y nominal, necesaria para no caer en la locura. Es mejor desahogarse con unos cuantos insultos bien dichos, escribir unos cuantos relatos mordaces e inteligentes antes que empezar a comprar revistas de armas y botas del doctor Martens.

Salvador Gutiérrez Solís. “Escritores”. 158 páginas. El Olivo Azul. Córdoba, 2011.

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