Ricardo Menéndez Salmón. “Gritar”

Reseña publicada en la sección “Literatura” del suplemento dominical del Diario del AltoAragón, el domingo 23 de septiembre de 2012.

http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=1&Id=769100

La vida en llamas

Creo que alguna vez lo he contado. Tengo una balda en mi destartalada librería en la que voy poniendo los libros que salvaría de un incendio. Y junto a esa estantería tengo una bolsa de viaje. Nunca he hecho el simulacro, pero calculo que si en casa se produjera un incendio tardaría apenas un minuto en meter esos libros en la bolsa y salir corriendo. Lo pensé después de ver en televisión la devastadora imagen de un piso quemado: los muebles convertidos en quebradizas esculturas de carbón; toda una vida reducida a inservibles cenizas; a la nada. El piso se puede reformar, pintar, amueblar. Pero todo será nuevo. De lo que había antes sólo quedará ausencia.

Imaginé lo que eso supondría y pensé en cómo es posible recomenzar después de algo así. Los cuerdos y sensatos cobrarían la indemnización del seguro y se comprarían un televisor más grande; yo necesitaría libros que me devolvieran las ganas de vivir. Las ganas de leer, las ganas de escribir. Por eso empecé a organizar esa balda.

Es una elección difícil, pero necesaria. Calculo que son tres de cada ochenta libros que leo. Tres libros al año. Libros para después de un incendio. Libros para volver a empezar, para reconstruirse. Y “Gritar” de Ricardo Menéndez Salmón es uno de esos libros. No voy a disculparme por quedar como una histérica quinceañera, por perder la compostura. Para saberme vivo necesito esta clase de entusiasmo. Me gusta excederme cuando me encuentro con un libro así. Una póliza a todo riesgo. Un libro anfetamina. Sí, yo me dopo con esto de la literatura, es mi forma de justificarme, de seguir adelante; es mi particular salvoconducto. Ni siquiera importa que “Gritar” no sea un libro perfecto. No importa que “Los ancestros” me parezca un relato adolescente, y que “Para una historia privada de la literatura” me resulte barroco, asfixiante y borroso. Porque los demás sí que lo son, y uno en concreto -y precisamente titulado “La vida en llamas”– es el mejor relato que he leído en mucho tiempo. Sólo ese relato justifica mi desmedido entusiasmo.

Los cuentos de “Gritar” pueden incluirse (en general) dentro de lo misterioso. Pero en el misterio entendido como que en todos sucede algo imprevisto, pasa algo extraordinario dentro de lo corriente. Y lo corriente está en lo reconocible, en lo semejante: la familia, el recuerdo, un compañero de trabajo, el pasado, una confidencia o una llamada de teléfono. Ricardo utiliza lo asombroso como una falsa introducción, como un método para llamar nuestra atención, como una contingencia para contarnos algo mucho más valioso y trascendental. O lo guarda para el final, para justificar todo lo anterior; o lo presenta nada más empezar y lo hace crecer; o lo convierte en una insinuación; o en una herida y una pregunta inesperada. “Gritar” me deja a salvo de esos otros incendios que se producen sin llamas visibles. Días de dudas y naufragios en los que la ilusión se rompe y hace añicos como estalla un vaso de duralex. Días en los que acudo a esa balda y busco ese libro que pueda salvarme; darle un significado a todo esto.

Ricardo Menéndez Salmón. “Gritar”. 140 páginas. Lengua de Trapo. Colección quince por quince. Madrid, 2012.

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