Francisco García Pavón. “El hospital de los dormidos”

Reseña publicada en la sección “Libros” del Diario Siglo XXI, el jueves 11 de octubre de 2012.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/90039/sherlock-y-watson-de-la-mancha

Sherlock y Watson de La Mancha. 

Todos tenemos nuestros mitos. Yo he sido raro hasta para eso. En lugar de hacerme fan de algún policía musculoso, karateka, saltimbanqui o pistolero, me hice seguidor de Manuel González, alias “Plinio”, jefe de la (G.M.T.) Guardia Municipal de Tomelloso.

Recuerdo que descubrí a Plinio por casualidad en una feria de libro antiguo y de ocasión cuando me compré “Las hermanas coloradas”, premio Nadal de 1969. Y desde entonces me dediqué a buscar, leer y sobre todo disfrutar con todos los casos de ese guardia castizo, cachazudo y fumador empedernido que tenía como ayudante de sus investigaciones a don Lotario, el veterinario del pueblo, bajito y barrigón y tan fumador de pitos de “caldo” como el jefe de la G.M.T. Así que supongo que además de raro soy chovinista sin ser manchego; porque Plinio y don Lotario me gustan más que Holmes y Watson, y desde luego mucho más que Batman y Robin.

Por eso cuando me enteré de que se había publicado “El hospital de los dormidos”, la última novela que Francisco García Pavón había escrito de su serie de Plinio, grité tres hip hip hooray! por la editorial Rey Lear como si fuera un hooligan o un coronel británico.

Mi afición por “Plinio” resulta antigua en el sentido de que leí todas las novelas que encontré de él hace unos quince años. Y desde entonces no había vuelto a leer ninguna. Su recuerdo se conservaba incorrupto y placentero en la distancia. Y creo que ahora, esta última novela, no está a la altura –al menos como lo mantengo en mi memoria- de las anteriores. Que quizás en comparación con “Una semana de lluvia”, “El reinado de Witiza” o “El rapto de las sabinas”, sea menos completa; aunque no por eso menos auténtica. Porque para los que somos hinchas incondicionales de Plinio tiene el indudable valor e interés de ser la última que Francisco García Pavón escribió. Tal vez sea eso, que “El hospital de los dormidos” se publicó en 1981, ocho años antes de su fallecimiento, y que García Pavón la escribiera con 61 años, lejos de la plenitud creadora de sus novelas anteriores. Pero para los que no conocen a Plinio, esta excelente reedición de Rey Lear, es una ocasión perfecta para descubrir a un personaje que es absolutamente atípico y genial. Tal vez el Jules Maigret español.

Algunos pueden considerar a García Pavón un costumbrista. Y tendrán razón. Pero el suyo es un costumbrismo al estilo de Antonio Pereira y Jesús Moncada, es decir, ni amanerado ni reivindicativo ni nostálgico, sino una crónica realista de un mundo que ha desaparecido y que no pretende demostrar a posteriori que lo de entonces fuera mejor o peor, negro o blanco. Era simplemente así. Aunque hoy cueste creerlo y pueda sonar a exageración o caricatura.

Porque en las novelas de Plinio no es sólo él y don Lotario, también nos encontramos –como en este “Hospital de los dormidos- con otros personajes excéntricos y entrañables como “Pepe Tachuelas, el Roncador” y “Braulio, el filósofo”, o con situaciones tragicómicas como la de una novia que el mismo día de la boda deja plantado al novio en la puerta de la iglesia. Personajes y situaciones que podrían ser inspiración o precedente de un “Amanece que no es poco”.

Algunos podrán calificar a Plinio de machista, homófobo y de ser un pésimo ejemplo por perjudicar seriamente su salud. Pero eso sería cometer el error de juzgarle con la mentalidad de lo que hoy se considera políticamente correcto. Plinio y don Lotario contemplan a las mujeres desde un landismo anticipado, desde el tipismo de Ozores y Paco Martínez Soria. Con una inocencia cómica y hambrienta de “aquellos tiempos en los que no había más moral que la de la carne fría”. Plinio y don Lotario son dos admiradores de la belleza rotunda de un culo de mujer, pero con la elegancia cachonda y respetuosa con la que se contempla y elogia una obra de arte.

El lenguaje de Plinio puede resultar hoy desfasado, pueblerino e increíble. Y quizás sea difícil de apreciar para alguien que no sea manchego y comparta sus modismos. Pero resultaría un curioso trabajo de investigación anotar esas palabras y comprobar las que quedan todavía hoy en uso en La Mancha. Porque nuestros padres y abuelos hablaban así, como los personajes de García Pavón, con esa retranca, con los mil nombres y maneras para nombrar los mismo. Esa riqueza de nuestro lenguaje tan típica para todo lo sexual, lo escatológico y el humor negro.

Las novelas de Plinio son siempre la emoción de un misterio por resolver, un caso como en este “Hospital de los dormidos” de sueños y risas; de “muertos de gusto” que despiertan amnésicos y con el pelo engominado en mitad del campo o en un remolque lleno de melones.

Las novelas de Plinio son, por encima de todo, buena literatura, novela negra sui géneris y cañí; buen humor y humanismo; crónica de la vida de un pueblo con sus virtudes y defectos; y un personaje fuera de lo común que no se avergüenza de lo que es ni reniega del  lugar al que pertenece.

Francisco García Pavón. “El hospital de los dormidos”. Una aventura de Plinio. 205 páginas. Rey Lear. Madrid, 2011. Ilustración de cubierta de Enrique Flores. 

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