Jesús Moncada. “El universo visual. Lápiz, tinta y óleo”

 

 

Reseña aparecida en el nº 104 de la revista “Turia”.

Jesús Moncada, pintor.

Es muy probable que muchos que conocen y admiran la obra narrativa de Jesús Moncada desconozcan su faceta como pintor. Y sin embargo durante dos décadas, entre 1962 y 1982, compaginó la escritura con la pintura: “Entonces ya sólo trabajaba por las mañanas en Montaner y Simón y dedicaba las tardes a pintar. Quería encontrar el desenlace al eterno problema del escritor, y del artista en general: ganarme la vida y disponer a la vez de tiempo suficiente para no verme limitado a ser escritor y pintor dominguero. Me pareció que la pintura podría darme la independencia económica para liberarme de una jornada laboral esterilizadora y me permitiría repartir las horas entre el caballete de pintor y la máquina de escribir. Dos décadas en las que Moncada lo intentó hasta que: “La quiebra de Montaner y Simón […] me cambió los planes. La muerte, en 1982, de mi padre, y las circunstancias familiares que se derivaron, hicieron que dejara de plano la pintura. Por otro lado, he reflexionado bastante sobre este asunto y estoy plenamente convencido que la pintura no ha perdido nada con mi retirada sino todo el contrario… si algún día vuelvo a coger los pinceles será únicamente para distraerme”. Pero hasta ese 1982 Moncada fue pintor y escritor. Escritor que en 1971 con “Historias de la mano izquierda” ganó su primer premio; pintor que realizó en esos veinte años diferentes exposiciones: Mequinenza (1966 y 1970), Barcelona y Mataró (1977), Vilassar de Mar (1979) y Arenys de Mar (1980). Escritor que obtuvo en vida múltiples premios y merecidos reconocimientos; pintor que, después de su fallecimiento, su obra se presentó entre 2005 y 2007 en Mequinenza, Lérida, Fraga, Barbastro y Calatayud con distintas exposiciones. “Hoy, gracias a la generosidad de Rosa María, hermana de Jesús, se puede contemplar un nutrido grupo de sus obras pictóricas en el Museo de Historia de Mequinenza, donde se ha habilitado una ubicación denominada “Espacio Moncada” para la contemplación de sus cuadros y dibujos”. La editorial Prames, dentro de su colección “Las tres Sorores”, recupera y nos descubre al pintor publicando “Jesús Moncada. El universo visual. Lápiz, tinta y óleo”,  exhaustivo y excepcional catálogo en el que reúne su obra pictórica completando de esta manera la figura de Moncada como artista. Pedro Pablo Azpeitia en el texto del catálogo relaciona la pintura de Moncada con las vanguardias históricas: el surrealismo de Max Ernst, las desfiguraciones de Bacon y la pintura metafísica de De Chirico, y con las vanguardias artísticas activas en Barcelona en las décadas de los 60 y los 70.

Este “universo visual” de Moncada se divide en tres partes. La primera: “Cuadernos negros. Expresionismos”, recoge dibujos hechos con pluma y bolígrafo en dos pequeños cuadernos: una agenda de 1965 y una libreta de 1966 cuando Moncada residía en Mequinenza antes de trasladarse a Barcelona. Retratos de temática taurina, esperpentos de carnaval, interiores de taberna y bodegones de su taller.

Una segunda parte: “Cuadernos grises. Ultrarrealidades”, en la que se abre una nueva etapa. Moncada abandona el expresionismo anterior y se atreve con las abstracciones. Dibujos en los que el trazo se perfila y aparece un territorio imaginario propio del surrealismo, la nueva figuración y el postcubismo. Partiendo de la realidad reconocemos la humanidad, pero distorsionada; deformada. Sus dibujos, sobre todo los retratos, levantan el velo de la piel y descubren la musculatura: la carne es materia moldeable. Sus bodegones son espejos fragmentados, los objetos se hacen transparentes y sus sombras unas veces son líquidas y otras cuerpos sólidos.

Y una tercera parte y última: “Cuaderno ecléctico. Pinturas”, en la que aparecen sus óleos y que desarrollan las ideas y figuras aparecidas en los “Cuadernos grises”: los bodegones en movimiento, el cuerpo humano y sus vacíos, su parte de carcasa y volumen, la humanidad reconocible y anónima. Óleos en los que el color es el protagonista absoluto y la línea negra remarca el perfil de las figuras y los objetos.

Pedro Pablo Azpeitia recoge múltiples influencias y referencias en la obra de Moncada. Y él mismo se reconoce íntimamente deudor de Francis Bacon y, sobre todo, de Kandinsky. Sin embargo yo echo de menos algunas omisiones realmente sorprendentes. Echo en falta que en los dibujos expresionistas y realistas de sus “Cuadernos negros” no cite a José Gutiérrez Solana. Que se reconozca y nombre a la abstracción europea y al grupo catalán “Dau al set” y no se cite al hablar del cubismo y el surrealismo a Juan Gris, Picasso y Dalí; predecesores de toda la vanguardia española.

Es evidente que el Moncada escritor no es el mismo que el Moncada pintor. El escritor es realista, gris, sentimental y memorialista; el pintor es colorista, abstracto, surrealista, cubista y atraído por la desfiguración. Dos partes distintas y contradictorias de un mismo hombre. Dos lenguajes completamente diferentes que completan el artista y lo engrandecen. Y aunque muchos de sus dibujos y óleos son de difícil comprensión la mayoría de ellos resultan extraordinarios en su perspectiva, cromatismo, planteamiento y (des)composición de la realidad. Pero aunque Moncada era un dibujante y pintor notable y con talento no deja de ser uno más entre los de su época. Es por eso que sus mejores cuadros son los que representan su universo literario particular, único; diferente del resto. En los que se reconoce la huella de Mequinenza. Sus dibujos de taberna, tertulia, vino y baraja; marineros de agua dulce que no sabían nadar, puertos en las orillas del río de su camino de sirga. Sus óleos con sus colores terrosos, el campo, los tejados, las casas y el río en el horizonte; los hombres de pueblo, agricultores con blancas camisas sin cuello, chaleco y boina. La obra narrativa de Moncada era la evocación de un mundo condenado a desparecer y en sus pinturas reproducía ese pasado con las formas vanguardistas del presente más inmediato. Dos maneras completamente distintas de hacer inmutable el mismo paisaje.

Jesús Moncada. El universo visual. Lápiz, tinta y óleo”. Edición bilingüe castellano-catalán. 151 páginas. Textos de Pedro Pablo Azpeitia. Colección “Las tres Sorores”. Prames. Zaragoza, 2012.

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2 pensamientos en “Jesús Moncada. “El universo visual. Lápiz, tinta y óleo”

  1. Buenos días Luis.
    En primer lugar, tengo que agradecerte, y mucho, que hayas escrito una reseña tan intensa y acertada como la que presentas. Uno se siente un poco abrumado cuando ve que se le dedica tiempo, esfuerzo y capacidad a un proyecto en el que, de un modo u otro, he participado.
    Quería también comentarte, aunque mi postura quedará más clara al final, que no se han citado los precedentes de las primeras vanguardias españolas por distintos motivos. Uno de ellos es que el texto no debía convertirse en una “ensalada de influencias” (aun así, ha sido bastante inevitable). Otro asunto es que se han evitado de manera consciente las influencias indirectas, puesto que me interesaba enfatizar el carácter postvanguardista de la pintura, es decir, que se comprendiera bien que no estábamos ante el tiempo ni el espíritu del primer cubismo o el primer surrealismo. Fue una omisión consciente.
    La segunda también lo fue. Tras analizar en paralelo la obra de Moncada y Gutiérrez Solana, quise que su aparente parentesco se diluyera. Sería largo de explicar; pero, esencialmente, a pesar de que algunos dibujos puedan parecer próximos superficialmente a los de Solana, ni la técnica, ni –lo que es más importante– la intencionalidad andan demasiado cercanos. De todas formas, no pude evitar en un momento citar el adjetivo “solanesco”. Te reconozco que quizá hubiera hecho falta una explicación mucho m´sa extensa al respecto.
    Sin embargo, cuando se realizó el trabajo era redactor de Prames. Fue mi último libro. La editorial Prames ha despedido a todo su equipo de redacción completo y a una gran parte de su equipo de diseño y de administración. Así que el libro se realizó en unas condiciones muy difíciles para los que participamos en él. Seguramente, si hubiéramos tenido una semana más, se podrían habrer ampliado esos ligeros sobreeentendidos. Considero que, teniendo en cuenta las circunstancias en que se hizo, es un gran trabajo.
    Te reitero mi agradecimiento.

    • Buenas tardes, Pedro Pablo.
      Muchas gracias por tu correo. Y muchas gracias por tus aclaraciones. Siento mucho las malas noticias que cuentas.
      Y respecto al texto. Pienso que no me debí explicar con claridad, porque en realidad no me refería a lo que tú escribiste, sino a lo que Moncada omitió. Omisión que no sé muy bien cómo tomarme, si de una manera consciente y premeditada o por ignorancia. Al menos esa fue la sensación que a mí me quedó.
      Gracia, Pedro Pablo.
      Un abrazo.

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