Juan Gómez Bárcena. “Los que duermen”

img815

Reseña publicada en la sección “Libros” del Diario Siglo XXI, el martes 4 de diciembre de 2012.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/92722/literatura-historia-y-filosofia

Literatura, Historia y Filosofía.

Posiblemente nos hayamos malacostumbrado a que los relatos sean siempre historias realistas y contemporáneas. Por eso nos sorprende tanto cuando alguien se atreve a romper con lo habitual y a demostrarnos que hay otros argumentos posibles. Que se pueden escribir cuentos reinventando lo antiguo e imaginando lo que está por llegar; relatos que tienen como protagonistas a héroes de la Grecia clásica o a los bisnietos de Asimov; desde civilizaciones desaparecidas hasta los androides creados a imagen y semejanza de su creador; desde la prehistoria al futurismo; desde la leyenda a la ciencia ficción; desde el hombre primitivo hasta el criogenizado y su resurrección.

Y quizás la elección y predilección de Juan Gómez Bárcena por esos temas tenga algo de deformación profesional, porque Juan ha estudiado Teoría de la Literatura y Literatura comparada y además Filosofía e Historia. Y eso es lo que hay en los relatos de “Los que duermen”: narrativa, preguntas y viajes en el tiempo. Utilizar un cuento de apariencia infantil en un reino muy, muy lejano “cuando el mundo era tan joven que aún estaba lleno de prodigios y hechos asombrosos” para contar una fábula a cerca de la manera de burlar el tiempo y su velocidad. Leer el “Cuaderno de bitácora” de un galeón del siglo XVI para descubrir a la tribu de los biroches que son comerciantes de palabras y una reminiscencia de “El planeta de los simios”. Conocer la leyenda del pueblo de los cairos y sus dioses para hablarnos del relativismo y las creencias: “Los dioses son mortales que surgieron cuando los hombres los soñaron por vez primera y que murieron al desvanecerse su necesidad y su fe”. Comenzar en el año 2012 una cuenta atrás porque los hombres “conocían el modo de poner en órbita un satélite pero jamás se habían preguntado algo inútil o hermoso: eran ignorantes de todas aquellas cosas que no pueden explicarse con fórmulas”. Leer la ironía de que una máquina diga: “cada día ha sido el mismo día eternamente repetido, la misma espera, la misma búsqueda de razones para seguir viviendo. Encontrar un sentido a esta existencia maquinal de días y noches, de tormentas de arena, de eclipses. Toda criatura necesita ese objetivo, un propósito”. Disfrutar y asombrarse con el maravilloso “El mercader de betunes”, una nueva versión de la vida y epopeya de Aquiles que decidió rebelarse contra el oráculo y su destino. Viajar constantemente, ir del futuro al pasado y regresar en una traslación de ida y vuelta. Traspasar la barrera del año cero antes de Cristo y llegar hasta el año 2374. Y todo ese largo camino de miles de siglos para preguntarse: “Qué significa ser hombre. Qué es realmente un ser humano y cuál es el sentido de su existencia.”.

Juan se sale de lo convencional y busca su espacio e inspiración fuera de lo abarrotado. Desde Ángel Olgoso no había vuelto a leer a nadie que haga de lo clásico, lo mitológico y lo antiguo un argumento para un relato moderno. Y salirse de lo habitual tiene sus riesgos. El precio de renunciar a lo fácilmente digerible, a lo cómodo y a un público que en general espera otra cosa. Y el beneficio de lo difícil, de lo que requiere un esfuerzo, de lo que no se obtiene con facilidad. La incomodidad de la Filosofía incrustada en la Literatura. La certeza de que la Historia se repite y no hemos aprendido nada, si acaso a caer en los mismos errores y a manipularla e interpretarla según nuestra conveniencia. La duda sobre la utilidad del progreso alcanzado: “Trabajar y empeñarnos en nuestras pequeñas tareas aunque no sepamos desde cuándo o por qué vivimos; aunque nada nos falte y nada sea necesario”. La originalidad de una estructura narrativa en unos relatos que se relacionan y se dan la alternativa, se complementan unos a otros, cerrando el círculo. Y el regalo, la puñalada de dos relatos convencionales o más cerca de lo estrictamente convencional que son los mejores del libro: “Hitler le regala una ciudad a los judíos” sobre el campo de prisioneros de Theresienstadt en Checoslovaquia del que ya nos habló W. G. Sebald en “Austerlitzt”, pero esta vez escrito e imaginado desde dentro; y “Las buenas intenciones” la historia de una hija que inventa un pasado para una madre amnésica. Dos relatos outsiders, dos relatos que aparentemente van por libre y no mantienen con el resto ninguna relación de consanguinidad en primer o segundo grado. Dos relatos geniales y demoledores sobre la verdad y la mentira, la memoria y el valor de las palabras.

Juan Gómez Bárcena. “Los que duermen”. 123 páginas. Editorial Salto de Página. Madrid, 2012.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: