Luis Landero. “Absolución”

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Reseña publicada en la sección “Libros” del Diario Siglo XXI, el viernes 25 de enero de 2013.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/95011/el-viaje-de-orestes

El viaje de Orestes

Veinte euros por un libro hacen de la literatura una inversión cara y arriesgada. Si el libro es malo la rabia o la sensación de estafa nos puede llevar a la renuncia, o a lo que es peor, a caer en la literatura digital o de low-cost que normalmente suele tener el mismo valor que su pvp. Pero hay en la literatura en papel algunos nombres que nos aseguran que la inversión –o el gasto- habrá merecido la pena, y Luis Landero es sin duda uno de esos nombres.

A estas alturas de la película que Landero haya escrito una buena novela no es noticia. Lo llamativo sería que fuera un fraude, que hubiera hecho un experimento, un sándwich de nocilla con chorizo de cantimpalo. Y aunque en mi opinión esta “Absolución” no está a la altura de las tres últimas novelas que ha escrito, leer a Landero es siempre garantía de buena literatura, es saber que no resultará un mero pasatiempo, literatura de entretiempo para amas de casa o un libro escrito por un/a ¿famoso/a? presentador/a de televisión. Landero hace de la literatura algo serio, rotundo y sabroso, útil y enriquecedor  que no es casual ni oportunista.

Y en “Absolución” mantiene el tono, la magia de la palabra exacta, nutritiva, hermosa y triste, pero por momentos mezcla la narrativa con la fábula o la alucinación (objetos que hablan) y con una introspección que resulta obsesiva y rompe el ritmo. Es, en ciertos momentos, un relato en claroscuro, excesivamente ensimismado en su interior, pero esos instantes son apenas aguadillas, inmersiones temporales que interrumpen brevemente la respiración pero que en ningún momento llegan a ahogar la novela ni dejan secuelas irreparables. Es tanto y tan bueno lo demás que acabamos viendo ese monólogo obsesivo y constante como algo consustancial al texto y a la realidad. Al fin y al cabo la persona con la que más hablamos en la vida es con nosotros mismos.

“Absolución” es una novela que comienza con una pregunta que se hace el protagonista: “¿Será posible que, al final, hayas logrado ser feliz?” y esa es una manera de entrar y presentarse a la que nadie puede resistirse y ante la que sentiremos curiosidad y le sumaremos la envidia cuando además afirma: “No, quizá el mundo no es tan azaroso y contingente como a ti siempre te ha gustado creer.” Aserción que poco a poco se verá desmentida, que pasará de la afirmación a la negación, del triunfo al fracaso en tan solo una mañana. Un “Ulises” callejero que en unas horas mudará la estable y aparente felicidad por una huida precipitada y aniquiladora.

Las novelas de Joaquín Berges –otro nombre seguro- tienen cierta similitud temática con las de Landero, aunque Berges tiene otro estilo: utiliza el humor para hablar de cosas serias. Pero los dos comparten algo: enfrentarnos a nosotros mismos y tratar de encontrar el sentido de la vida, descubrir quienes somos y qué queremos. Encontrar las respuestas haciéndonos preguntas, poniéndonos a prueba. Encender la cerilla hasta quemarnos los dedos. Y si bien ese viaje iniciático, ese tropezar en la piedra o cometer errores debemos hacerlo solos, Landero nos descubre que también necesitamos de la ayuda de los demás. Y esa es la fortuna de Lino, el protagonista de esta “Absolución”, porque el camino lo hace solo, pero son las personas que se cruzan en el las que le ayudaran a pasar a limpio los apuntes de su cuaderno de viaje. Son los demás con su ejemplo, confidencias y ánimos, con su saber escuchar, los que nos permiten comprender y llegar a una conclusión.

Básicamente esta novela se reduce a algo muy sencillo y a la vez muy complicado: buscar, saber “encontrar nuestro sitio en el mundo”. Y es que en general somos conformistas, resignados y cobardes. Y cuando alguien no es así, no sigue la línea recta, no sabe lo que quiere, se le mira como a un bicho raro. Pero esa búsqueda tiene sus riesgos. Porque nos haremos ilusiones con algo, construiremos castillos en el aire, seremos la lechera del cuento y podemos pasarnos toda la vida buscando una utopía, un lugar que no existe y que tal vez no encontraremos nunca; y esa angustia, esa incertidumbre, es muy difícil de llevar. Se trata entonces –quizás- de “negociar con la vida y llegar a un pacto de mínimos, a un simple pacto de no agresión, tú o me das mucho y yo tampoco exijo más.”

Los libros de autoayuda son una filfa moderna. La literatura hace mucho tiempo que inventó ese subgénero. Lo que pasa es que hoy en día la gente se ha acostumbrado al eslogan, a la filosofía y psicología reducida a un artículo de revista, a comprar existencialismo en las tiendas de los chinos.  Todos somos cobardes, todos necesitamos de un suceso en nuestra vida que la ponga patas arriba y Lino no es peor ni mejor que los demás. Lino duda, pero no se atreve. Se cree feliz porque ha encontrado la estabilidad, un trabajo, el Amor. Sabe que si hace sol no debería sentir frío, que si tiene los pies en el suelo no debería sentir vértigo. Y es un suceso extraordinario el que le obliga a huir, a convertirse en fugitivo y vagabundo. Se trata de andar, estar en movimiento constante para no pensar, alejarse para dejar de sentir remordimiento, esconderse de la culpa. Y en esa huida, en ese presente huyendo del pasado y con la incertidumbre del futuro “Absolución” nos deja el regalo de unos personajes inolvidables, extravagantes, ridículos, entrañables, inocentes, providenciales, vitalistas, indulgentes: el padre de Lino, el señor Levin, Julio Gálvez y Jesús Olmedo. Y además Landero nos muestra palabras incómodas, palabras esenciales, decisivas, cargadas de significado: contingencia, azar, tedio, fatalismo, ironía, escepticismo, permanencia y cambio, ilusión y derrumbe, desencanto, conflicto, soledad, problema insoluble, alegoría, perdón, locura y purificación. Nos recuerda algo que olvidamos a menudo: que el hombre es un ser insatisfecho y contradictorio; pero que no por eso debe renunciar a hacer la prueba, encontrar la respuesta, salir en busca de un tesoro, de ese dorado que no está hecho de dinero. Esta novela es la crónica de un viaje que todos deberíamos hacer al menos una vez en la vida. Porque de ese viaje se vuelve mucho más sabio.

Luis Landero. “Absolución”. 318 páginas. Tusquets Editores. Barcelona, 2012. 

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