Pedro Ignacio López García. “Julio Camba. El solitario del Palace”

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En la biografía de Carrere me encontré con muchos nombres conocidos de bohemios de los que sé que tengo por ahí alguna biografía colectiva y que intentaré que sean mis siguientes “lecturas de piscina” de este verano: “Cruces de bohemia” de Javier Barreiro y “Desgarrados y excéntricos” de Juan Manuel de Prada. Pero de éste párrafo: “Las veladas de esos años se iniciaban, a veces, con una cena bohemia en un almacén de vinos de la plaza del Progreso. Se trataba de una bodega henchida de pellejos. El grupito lo formaban Pedro de Répide, los hermanos Camba, Hernández Catá y nuestro autor”, me llamó la atención que entre ellos figuraran los Camba (Francisco y Julio) porque no los tenía por miembros de esa cofradía. De Francisco Camba sé que tengo cuatro o cinco novelas que leí hace años, pero entonces me acordé de que tenía ésta biografía: “Julio Camba. El solitario del Palace”, escrita por Pedro Ignacio López García y que no había leído todavía. Y claro, me la llevé a la piscina.

Julio Camba nació en 1884 en Villanueva de Arosa (Pontevedra) el mismo pueblo que Valle-Inclán. “Julio, curioso, inquieto y, sobre todo en sus inicios, bastante bohemio y anarquista, tenía poco que ver con Francisco, mucho más sedentario y conservador. Con el paso de los años Julio –como Carrere- despreciaría la bohemia, se volvería un dandi amante de los hoteles de lujo y de la buena mesa y, sin renegar nunca de su liberalismo e independencia, colaborará con enorme éxito en los periódicos españoles más conservadores”.

En 1900 –con dieciséis años- se mete de polizón en un barco hasta Argentina. En Buenos Aires entra en contacto con un grupo de anarquistas y allí empieza a escribir artículos en varios periódicos libertarios. Pero en 1902 es expulsado de Argentina y regresa a España. Al año siguiente -1903- llega a Madrid, y es precisamente Emilio Carrere el que lo recuerda: “En el diván del El País durmió Julio Camba su primera noche de Madrid. Alguno que tenía ingenio o simpatía se quedaba de redactor. Así entró en la vida periodística. En aquel Madrid la gracia era una llave mágica”. El que en poco tiempo Julio fuera contratado como “redactor de mesa en El País” con un sueldo –aunque fuera bajo- nos da una idea de que con talento era posible triunfar y que quizás si otros no lo consiguieron fue porque carecían de él. Aunque eso no quita para que la historia de sus vidas y fracasos me resulten fascinante.

Camba, rebelde e independiente, joven y temerario, decide con diecinueve años fundar su propio periódico: “El Rebelde”, un periódico anarquista semanal. Aunque como nos explica Pedro Ignacio López el anarquismo de Camba es muy similar al de Pío Baroja: “No cree en el hombre ni en la humanidad, menos aún en una clase social, siquiera el proletariado. Sólo cree en el individuo. Desprecia por igual a la burguesía y al proletariado. Se siente al margen”.

Y respecto a la bohemia, coincide –en parte- con Carrere y su apostasía –la de Carrere fue mas tardía y no renunció tan pronto a lo escabroso o sicalíptico-: “A Camba le repugna la pornografía tanto como le deprime la bohemia pobre y sin talento”. Pedro Ignacio López reproduce una semblanza de Camba de Rafael Cansinos Assens que resulta muy acertada y elocuente: “Julio Camba, el anarquista, era en el fondo un sibarita, un aspirante a burgués. Su anarquismo era simplemente un diletantismo, una escarapela para llamar la atención y epatar, con sus melenas y su chalina de colorines. Era el suyo un anarquismo aristocrático, que odiaba a las masas”.

Después de pasar por El País, España Nueva, El Intransigente y El Mundo (todos de la prensa de izquierda) llega a La Correspondencia que en 1908 le ofrece ir de corresponsal a Estambul (Turquía) y Camba acepta. Ese primer puesto será el primero de una larguísima carrera como corresponsal en el extranjero para diferentes periódicos: París, Londres, Berlín, Suiza, EEUU, Italia y Portugal. Como muy bien explica Pedro Ignacio López: “La ocasión de desempeñar estas largas corresponsalías en el extranjero ha salvado a Camba. Entre continuar siendo un bohemio de las noches de Madrid, un periodista político eficaz pero previsible, y parecer una dandi a la moderna, muy siglo XX, logrando un nuevo estilo de crónica, mucho más concisa y, sobre todo, graciosa, no puede haber duda de la elección”.

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Este aspecto viajero y de residencia en el extranjero de Julio Camba creo que es lo más significativo y determinante en él. Se marchó de España con veinticuatro años y estuvo trabajando de periodista, viajando por todo el mundo, residiendo fuera, yendo y viniendo, durante cuarenta años. En realidad toda una vida. En su momento tuvo la oportunidad y no dudó, tomó la decisión; algo que otros muchos por conformismo o cobardía no atrevieron a hacer, pero que en él no era de extrañar teniendo en cuenta que con dieciséis años se metió de polizón en un barco rumbo a Argentina. Me parece admirable porque yo reconozco que he sido de los cobardes, de los que no se atrevieron en su momento, cuando tuvieron la oportunidad de poder hacerlo, de salir de casa de mis padres y vivir la experiencia. Algo de lo que ahora me arrepiento. Pero me llama mucho más la atención por el momento en el que Camba lo hizo: 1908. Hay que pensar en esa fecha. En aquella década la inmensa mayoría de la gente no viajaba al extranjero. Sólo lo hacían los ricos y París era lo más lejos que llegaban. Julio empezó por Turquía en una época en la que muchos no sabrían ni colocarla en el mapa. Después vinieron todos los demás países. Y tantos años viajando, viviendo fuera, estoy seguro de que marcan un carácter; para bien y para mal.

Julio Camba “observador inteligente, agudo y con ideas propias” empezó escribiendo mucho, y ya “en 1918 se convirtió en el cronista mejor pagado y probablemente más leído de toda España”. Pero progresivamente, poco a poco, según pasaban los años, empezó a escribir menos; hasta que en 1930 vivía sólo de los derechos de autor de sus libros. Cada vez que volvía “Madrid le inspiraba poco y le aburría”, y sólo un nuevo destino en el extranjero era capaz de revitalizarle y hacer que volviera a escribir. La novedad de conocer un nuevo país será su único estímulo y al mismo tiempo el estar en constante movimiento acabará agotándole. En 1949 “regresa a España definitivamente y se instala en la habitación 383 del hotel Palace en donde vivirá hasta su fallecimiento trece años después”. A este respecto el que viviera en una habitación de ese hotel –uno de los más caros de Madrid- es también muy significativo para entender lo determinante que fue la amistad y admiración ajena en la vida de Camba, puesto que como dice Pedro Ignacio López: “Conviene recordar, para satisfacción de curiosos, que nunca pagó la cuenta”. Y nos da las tres versiones de quién lo hizo: Juan March, el ABC, y según Tomás Borrás, Marquet, director del hotel, ante la situación de “autónomo sin jubilación” de Camba le permitió vivir allí en régimen de media pensión, y de paso cita algo decisivo: “Ello y la protección de Luis Calvo, director de ABC, sostuvo en sus últimas fechas a Julio Camba en puesto digno con suficiente pecunia para atenderse. Pobre, aquí, es sinónimo de escritor”.

Y en ese sentido hay un curioso paralelismo entre Carrere y Camba. Después de la Guerra Civil, Carrere pudo sobrevivir gracias a que su amigo, Juan Pujol, director del diario “Madrid”, le ofreció una columna diaria en el periódico. Y en el caso de Camba esos gestos de amistad y admiración se iniciaron en 1948 cuando “para ayudar económicamente y anímicamente al escritor se publican los dos tomos de sus Obras Completas”, en 1951 se le concede el Premio Mariano de Cavia, lo que supuso “una importante cantidad de dinero, que le permite vivir una temporada sin demasiados ahogos”; pero sin duda el gesto definitivo fue el de Luis Calvo (el director de ABC) “en 1955 Camba apenas escribe nada ya, por lo que su situación económica llega a ser bastante mala. Vive con modestia. Es entonces cuando Calvo tiene una idea: publicar en las páginas dominicales de ABC artículos olvidados de Camba, alguno de más de cuarenta años, con ilustraciones modernas del dibujante Goñi”. Un gesto de admiración y respeto por el periodista, el escritor y su obra, que deja muy claro el valor de lo que fue Camba.

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Reconozco que no he leído ninguno de sus artículos, pero junto a esta biografía he descubierto que tengo “Sobre casi todo” de la colección Austral de Espasa Calpe, tercera edición de 1961; y “Páginas escogidas”, una selección de artículos suyos (de 1907 a 1914) reeditados por Austral Summa en 2003 en edición también de Pedro Ignacio López. Espero que no se queden desterrados en la estantería.

Pedro Ignacio López García. “Julio Camba. El solitario del Palace”. 272 páginas. Espasa Calpe. Madrid, 2003.

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