Sergio del Molino. “El restaurante favorito de Nina Hagen”

Reseña publicada en suplemento Artes&Letras del Heraldo, el jueves, 22 de diciembre de 2011.

http://sergiodelmolino.com/tag/luis-borras/

Periodismo narrativo          

A mí la cháchara de los periodistas siempre me ha puesto en guardia. Los pocos que he conocido me han resultado unos engreídos pedantes que te hablan como si no fueras otra cosa que un ignorante digno de lástima. Admito que el prejuicio es un difícil punto de partida, pero con ese sentimiento me enfrenté a este libro. Y admito también que no soy seguidor habitual de Sergio del Molino, que no leo sus artículos dominicales ni su bitácora; que a estas alturas de la película soy virgen, ingenuo y pacífico. Aunque esto último no quita para que, por si acaso, acudiera a la cita con el mechero dentro del puño. Será por la edad, supongo, pero me di cuenta de que estaba siendo bastante insensato y un poco macarra; así que decidí relajarme, sentarme y ponerme a escuchar.

Con el prólogo hice lo que debe hacerse con todos los prólogos: no leerlo. Así que pasé directamente a la página diecisiete y me encontré con que la sonrisa es la mejor y más inteligente manera de comenzar un alegato, permite captar la atención y poner al público de tu lado. Que Sergio se declarase un vicioso adicto a los gofres con chocolate me pareció una manera estupenda de presentarse. Consiguió que abriera el puño, soltara el mechero y aprovechara la pausa para ir a la nevera a por una cerveza.

Este libro tiene cuarenta y cinco entradas o artículos. Textos aparecidos en el Heraldo de Aragón y en su página personal. Textos que hablan de lo particular y lo profesional; de arte, cine, literatura y música; de ciudades y autobiografía: Barcelona, Madrid y Zaragoza; de viajes y calles pateadas: Nápoles, Berlín, Nueva York, Buenos Aires, Lisboa y San Francisco; de familia y memoria; de lugares: parques, restaurantes, librerías, cementerios, museos, hoteles y lavanderías. Textos en los que hay espacio para hablar de todo: el humor, el sexo, la ternura, los amigos, el amor, las mujeres y para recordar a Pablo. Un libro que es un cuaderno de notas y experiencias, galería libresca, antología personal de personajes y mitos eróticos, conversaciones, anécdotas, chinchetas en el mapa, postales, almacén de la memoria. La mayoría de nosotros recurrimos al mutismo de las fotografías para obtener una fe de vida. Somos torpes o rácanos con las palabras. Sergio, sin embargo, las utiliza como herramienta para certificar que ha vivido, que estuvo allí, que fue cierto. “Una manifestación artística te llega o no te llega. Te emociona, te asquea, te provoca carcajadas, te remueve o te deja frío”. Y de eso se trata, de no estar por estar, del pasar abúlico, indiferente; mudo y estático como una fotografía anónima. De usar las palabras para contar algo, transmitir y compartir una emoción. Y entonces, al acabar el libro, leí el prólogo y me encontré con que “el periodismo ha renunciado a su sustancia narrativa” que “los artículos de este libro son una forma personal, íntima y absolutamente intransferible de ser cronista”. Y a eso se reduce todo, porque es cierto eso de que soy yo y mis circunstancias; yo y mi pasado y mi presente; yo y los libros y las películas que descubrimos; yo y lo que hemos visto y sentido. Y cómo hacemos todo eso nuestro, nos acompaña, lo recordamos, nos golpea, nos marca o repugna.

Para descalificarlo algunos podrán decir que no es más que una colección de artículos subjetivos. Menuda perogrullada. En todo caso se puede decir que se pone brasa reivindicando su pedigrí ideológico y sus fobias a dictaduras extintas. Eso es posible. Pero la diferencia está en la forma, en esa cosa llamada estilo, en su personal periodismo narrativo. Sergio escribe y opina –relata más bien- con un lenguaje coloquial y ameno, justo lo contrario del remilgado ensayo que suele ser lo habitual en este parque temático. Es erudito sin ser aburrido y resulta cualquier cosa menos pedante y cultureta. Se agradecen sus dudas, su provocación y su naturalidad y sinceridad y, sobre todo, que no trate de ser lo que no es ni aparente ser otro. Al que no le guste que se levante y se vaya, yo le dejo mi mechero.

Sergio del Molino. “El restaurante favorito de Nina Hagen”. 224 páginas. Anorak ediciones. Zaragoza, 2011.

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