Juan Carlos Márquez. “Llenad la Tierra”

img895

Reseña publicada en EntreTanto Magazine,  el sábado 5 de octubre de 2013.

http://www.entretantomagazine.com/2013/10/05/inesperado/

Inesperado

Cuando somos seguidores de un grupo o músico y nos enteramos de que ha sacado un nuevo cd acudimos de inmediato a la tienda a comprarlo. Expectantes deseamos que repita el éxito del anterior. Es decir –y es un ejemplo, no una analogía- que si su estilo es funk o discotequero esperamos que sigua en esa línea y no se haya pasado al country o al heavy-metal. Pues con algunos escritores nos sucede algo similar. Esperamos que repitan el estilo que nos gustó tanto y que hizo que nos convirtiéramos en fan suyos sin histeria ni póster en la pared.

Juan Carlos Márquez es uno de mis favoritos, y esperaba que estos relatos de “Llenad la Tierra” fueran lo mismo de “Tangram” (que cronológicamente es posterior, de 2011) y “Norteamérica profunda” (que es anterior, de 2008, pero yo conozco en edición de 2012) dos de esos libros totalmente recomendables y que salvaría de un incendio.

Esperaba que fueran más de lo mismo y resulta que no, que poco o casi nada tienen que ver. Entiendo que un “artista” tiene derecho a cambiar, a no ir vestido siempre igual, a variar de estilo, a teñirse de rubio platino el bigote si le da la gana. Entiendo que quiera probar nuevas fórmulas narrativas y que incluso algunos digan que ese cambio es obligación de todo escritor que quiera “crecer”. Puede que tengan razón pero no quiero ponerme en plan estupendo con eso de la necesidad de asumir otro retos y no repetirse y bla, bla, bla. Me imagino que a Márquez (y haría bien) le importa un carajo todo eso. Él ha escrito los relatos que le ha apetecido y punto.

Y no, no es que el resultado sea del todo malo, un completo fracaso; pero sí –al menos para mí- irregular. Algo que no esperaba. Quizás sea que esas otras veces nos lo puso demasiado fácil, quizás sea porque sabe que somos vagos y acomodaticios y esta vez ha querido ponérnoslo difícil, no darnos todo hecho, que nos esforcemos un poco, mostrarnos las mil y una formas del cuento; pero por más que lo hago (lo de esforzarme) hay ocasiones en las que  no encuentro otra cosa que un chistoso juego de palabras; un diálogo con un final absurdo; un filósofo pedante en la cola de un supermercado o los ejercicios de escuela de un profesor con mucha habilidad y talento y poco tiempo.

Ese Márquez que ya conocía y esperaba (re)encontrar, ese escritor superlativo del que soy fan me lo he encontrado en los cuentos “El corazón de mi padre”, “Restos”, “Belgrado 1976”, “Llegado el momento” “La vida discontinua”, “Subterfugios”, “Papá, mírame” y “Hacer lo necesario”. Relatos en los que está el surrealismo sentimental como método lógico y útil; la ecuación –que sólo él hace posible- entre carcajada y pena, asco y piedad; el realismo sucio, escenario cinematográfico y sin estridencias; la provocación hipnótica; la trastienda oculta de lo cotidiano; la angustia y el tacto viscoso de las pesadillas. En esos me encuentro con un escritor personal, pleno y absoluto que en los demás unas veces ha preferido jugar con el claroscuro, el mensaje entre líneas o la mirada oblicua, proponer un punto de vista diferente, hacer probaturas o ejercicios que lo alejan de su estilo más característico y reconocible y en otras aparece fragmentado, incompleto y parcial en las que ofrece imágenes brillantes y destellos de originalidad pero que no terminan de cuajar.

No, esta vez el resultado no es el de otras veces: asombroso, completo, total; esta vez lo excelente se alterna con lo defectible, pero no por eso es un escritor al que debamos, ni mucho menos, renunciar.

Juan Carlos Márquez. “Llenad la Tierra”. 163 páginas. Menoscuarto. Palencia, 2010.

Anuncios

Juan Carlos Márquez. “Norteamérica profunda”

img824

Reseña publicada en el suplemento “Artes&Letras” del Heraldo de Aragón, el jueves 24 de enero de 2013.

Viajes y vidas

En una de las páginas de esta “Norteamérica profunda” se dice: [Leer es] “viajar a tierras y épocas remotas sin moverse del sitio. Vivir otras vidas. Esos son los verdaderos beneficios de la literatura”. Y aunque no sea una reflexión original, en este libro adquiere auténtico sentido. Porque estos cinco relatos son viajes y vidas ajenas que apropiarse y compartir. Un viaje al far west; a Memphis; a un pueblo de Minnessota; a la Costa Azul y a Canadá en autocaravana para ver la aurora boreal. Y con el viaje conocer las vidas que los habitan: una familia de colonos; un preso y su carcelero; una madre viuda y su hijo; unos nuevos ricos que veranean en Europa y un matrimonio y su último viaje juntos.

Tal vez algunos no quieran admitir que nuestra referencia cultural contemporánea es la norteamericana. Es la que hemos adquirido desde el cine y, sobre todo, desde la televisión. Y Juan Carlos construye sus relatos desde todas esas imágenes metabolizadas en nuestro organismo tras décadas frente a esas pantallas. Películas del oeste; irlandeses emigrantes; adolescentes de high school; veteranos de la guerra del Vietnam; granjas, ranchos y prisiones; millonarios self-made-man; jugadores de béisbol y moteles de carretera. Juan Carlos aprovecha esas referencias para situarnos y meternos en la historia y, de paso, hacer ganar a los puntos a literatura vs la imagen. Porque la televisión es la comodidad y lo inmediato; es cómo la comida preparada, basta apretar un botón y el gasto va incluido en la factura de la luz. La imagen nos muestra lo que hay sin enseñarnos los sustantivos y adjetivos que necesitamos para nombrar lo que vemos, y la literatura sí lo hace: “Mamá se emplea de camarera en Magic, una cafetería muy concurrida del Bronx. Es un tugurio nada recomendable para una mujer blanca, refinada y bastante guapa, frecuentado por negros de mirada torva, putas, maricones e italianos de un gimnasio contiguo”. Juan Carlos nos demuestra que el mérito está en el lenguaje y la forma. En su estilo: esa mezcla de sentimentalismo e ironía que le hace al mismo tiempo descarnado y conmovedor y que recuerda al mejor Tarantino. Márquez cuenta historias sencillas y profundas con la risa y la herida, la fortuna y lo vulgar, el sexo sin veladuras, el amor sin edulcorar, la muerte en diferido y la vida sin eufemismos, con su agridulce sabor original. Cinco relatos directos y profundos sin la evidencia de lo simple ni la incomodidad del enigma en los que con cada viaje, con cada lugar, cambia el registro y muta el tono creando personajes –secundarios y protagonistas- memorables, imágenes simbólicas y metáforas sin rodeos.

Uno se va haciendo su pequeña lista de escritores a los que seguir. Su pequeño botiquín de libros medicina. La literatura como ansiolítico, anfetamina y paracetamol; el escritor que hace que todo este insomnio merezca la pena. Y Juan Carlos Márquez es uno de ellos.

Juan Carlos Márquez. “Norteamérica profunda”. 95 páginas. Editorial Salto de Página. Madrid, 2012.

Juan Carlos Márquez. “Tangram”

Reseña publicada  en la sección “Literatura” del suplemento dominical del Diario del AltoAragón, el domingo, 26 de febrero de 2012.

http://www.diariodelaltoaragon.es/pageflip/pdf2zip.aspx?Fecha=26/02/2012&Paginas=0088&Descarga=0

Y en la sección “Libros” de Diario Siglo XXI, el jueves, 1 de marzo de 2012.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/81606/el-azar-y-sus-planes


El azar y sus planes.

Pensé comenzar diciendo que “Tangram” es un libro ameno que deja en herencia una sabrosa sonrisa. Pero, aunque eso sea completamente cierto, quedaría demasiado simplón y podría inducir a error. Este no es sólo un libro para pasar un buen rato. No es literatura de entretiempo. Así que corregiré para evitar posibles malentendidos. Márquez es formal y gamberro, soez, ácido y discretamente dulce, ingenioso, mutante, descarado, imaginativo y absolutamente brillante. Me ganó para su causa citando en la primera página a Uri Geller y al profesor Jiménez del Oso. Los mitos de la infancia televisiva unen mucho y crean afinidades automáticas. Pero en el caso de Márquez no necesito mentir porque los dos seamos hinchas del mismo equipo de fútbol, vayamos a las mismas manifestaciones o nos emborrachemos en los mismos bares. Con él no tengo deudas. Para recomendarle me basta con ser sincero en ayunas y sin una gota de alcohol en sangre.

“Tangram” es una novela con la misma estructura que “Concesiones al demonio” de Óscar Sipán. En realidad una no-novela formada por varios relatos independientes pero entrelazados entre sí a través de unos personajes que se dan el relevo en una carrera sin tregua hasta que al final todo encaja. El pasado te persigue, se quedó con tu cara, sabe donde vives y viene a buscarte. El debate formalista de lo que es y no es una novela es lo de menos cuando hay calidad y talento de sobra.

“Tangram” son siete historias encadenadas por el azar y sus planes. Unas veces el azar resulta irracional y cruel, otras benefactor, caprichoso o tragicómico, y otras excitante, hijoputa o traicionero. Relatos en los que siempre la narración toma un giro imprevisto. Márquez podría ser como el conductor de un autobús urbano que, de repente, en un cruce, pega un volantazo y se desvía de la ruta prevista. El viaje toma un nuevo camino inesperado y él sonríe desde su asiento viendo nuestra cara de asombro. Márquez acelera y frena, maneja el viaje, te lleva por donde quiere y nunca resulta aburrido. Tiene la virtud y la capacidad de los buenos narradores: es versátil. Cada relato es distinto, redondo y nutritivo. Distintos escenarios y distintas tramas y en todos sobrevuela el humor negro o el sobre sorpresa de la tómbola.

Márquez es directo y sincero, moderadamente tierno y crudamente realista, dinámico y ocurrente. Y en las obsesiones, frustraciones, tonterías de juventud y edad del pavo, enamoramientos, rendiciones, cordura, locura y revanchas de sus personajes consigue que nos identifiquemos con ellos. Un  disparatado y jugoso camino muy bien urdido.

Márquez es un peliculero, un hábil y exquisito contador de historias. Secuestros, canibalismo, equívocos, atracos y  tiroteos, mapas que marcan tesoros enterrados, tipos excéntricos y vulgares, amores imposibles, mafiosos y vendettas, cotilleos de modistas. Sus historias enganchan, una vez que has comenzado no puedes dejarlo. Mientras algunos hacen cinexin o estereogramas con los relatos, Márquez hace una road-movie con siete cortos sencillamente cojonudos.

Juan Carlos Márquez. “Tangram”. 166 páginas. Editorial Salto de Página. Madrid, 2011.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.