Julia Otxoa. “Escena de familia con fantasma”

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Reseña publicada en la revista “Culturamas”, el lunes 24 de febrero de 2014.

http://www.culturamas.es/blog/2014/02/24/solido-y-gaseoso/

Sólido y gaseoso

En ningún otro lugar como en un libro de relatos podemos experimentar los cambios de estado de la materia. La física y la literatura en una curiosa relación. Pasar de lo sólido a lo gaseoso, del calor a la congelación en un corto espacio de tiempo. Y estos cuentos de “Escena de familia con fantasma” de Julia Otxoa son un buen ejemplo.

Empieza muy bien, más que bien con dos microrrelatos excelentes: “Bibliotheke” y “Lámpara suiza”. Las bibliotecas convertidas en charcuterías y un “señor oscuro” -una mezcla de carnicero, cirujano y taxidermista- que “se ocupa de la disección del lenguaje armado de cuchillos, cinta métrica y báscula”. Dos micros de imágenes contundentes, realmente originales en su planteamiento, mensaje y profundidad.

Y en los dos siguientes, de repente, lo que antes era sólido y prometedor se transforma en gaseoso, se hace vapor. Con “El traductor” y “Marcel Sasot campeón de halterofilia” no entiendo qué quiere contar, a dónde quiere llegar ni transmitir con la historia, a no ser que sea ¿el sueño de un hombre-cigarra?. Soy viejo para jugar a las adivinanzas y demasiado joven para apuntarme a cursos municipales de artesanía con miga de pan. Pero con el siguiente micro: “Hilvanados”, recupera de nuevo, con imaginación y lenguaje, el estado sólido perdido. Y así el libro se convierte, cuento tras cuento, en un constante vaivén en el que se van alternando micros o relatos breves excelentes como “Paisaje para frac”“Pintor perfilador”-éste produce el entusiasmo de la maravilla- “Juramento”, “El testamento de Ulises”“Arquitectura contemporánea”,“Primavera” “Café Voltarie” con otros como “La Polar”“El tren peonza” “Fuera de plano” que se cristalizan como la escarcha y se disuelven a temperatura ambiente.

Movimiento pendular que no resulta exacto como el de un metrónomo o el deshojar una margarita sino que se mezcla con estados intermedios de agua templada en las buenas y originales ideas de “Cosmética para cerdos”“Cajitas” o “Colocación de lunas” y  que en otras ocasiones se acaba enfriando de golpe -como en“Las desventuras de Frankenstein” con un final que lo carboniza- o se convierten en reflexiones inofensivas -como en “Metrópolis”– o en divagaciones culturetas -como en “Los dos guerreros” o “Dos viajeros”– o dejan al lector huérfano y sin final tras unos puntos suspensivos como en “La señorita Hanna”“…aquí el lector puede continuar por su cuenta este pequeño relato, desarrollando su imaginación hasta límites increíbles” . Interacciones o ejercicios de empatía (algunos cursis les llaman guiños) que me fastidian porque me parecen los deberes para casa que pone el profesor cansado de un taller de escritura a sus alumnos virtuales.

Pero no quiero que esto – a pesar de ese vaivén- parezca el baile de la yenka. En general los relatos mantienen una temperatura constante gracias a un lenguaje preciso y cuidado, un acuario limpio en el que conviven cincuenta criaturas de diferente tamaño y belleza; y esa es una virtud que hay que reconocerle a Otxoa; pero creo que si por algo destacan estos cincuenta textos es por la crítica social, política y artística de sus argumentos. Cuando acierta (a veces le da por el escorzo, la elipsis y el camuflaje) nada es inocente o simple devaneo. En Otxoa la palabra se convierte en pedrada en el ojo o seta venenosa.

Crítica o denuncia social que está en todos esos que para mí son brillantes ejercicios literarios y que unas veces va desde el realismo individual o de comunidad de vecinos al absurdo municipal o universal, y con la ironía y la imaginación como armas de gran calibre para tratar la decadencia y la transformación, el mercantilismo, la deshumanización, la miseria o la manipulación de esta época y este mundo en el que nos ha tocado vivir.

Crítica política en la que se encuentran los cuentos más ácidos y salvajes, los más grotescos y esperpénticos, las grandes hipérboles producto de la vergüenza y desconfianza en los políticos en esta época (que nos ha tocado vivir) de corrupción en partidos y sindicatos y que nos dejan el mensaje necesario de que no perdamos nuestro sentido crítico y nos convirtamos en mudos corderos o borregos a los que se les ha practicado una leucotomía. Crítica que extiende al nacionalismo (español, vasco y extranjero) y a sus típicas exhibiciones pero que hoy -además de esos estereotipos en los que incide Otxoa- está más por la imposición, la falsificación de la historia, el adoctrinamiento y la mitología.

Crítica del arte que es con la que más he disfrutado –y con la que más me identifico sin duda- en la que mediante el humor y la reproducción denuncia el engaño de ese teatro del absurdo moderno y experimental, perfomance vacía de contenido que pretende que callemos por miedo a quedar como ignorantes y no nos atrevamos a decir que, simplemente, nos parece una tomadura de pelo.

Julia Otxoa. “Escena de familia con fantasma”. 140 páginas. Prólogo de Ángeles Encinar. Menoscuato Ediciones. Palencia, 2013.

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