Óscar Sipán. “Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas”

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Reseña publicada en la revista “Culturamas”, el jueves 16 de enero de 2014

http://www.culturamas.es/blog/2014/01/16/recomendacion-quisiera-tener-la-voz-de-leonard-cohen-para-pedirte-que-te-marcharas-oscar-sipan/

Recomendación

Hace casi seis años que leí por primera vez a Óscar Sipán. En junio de 2008 (con cinco años de retraso) leí su libro de relatos “Pólvora mojada”, XVII Premio de Narrativa “Santa Isabel de Aragón. Reina de Portugal”, Diputación de Zaragoza, 2003. Y ese día me hice una promesa: leer todo lo que había publicado antes y todo lo que viniera después. Lo de antes eran tres libros de cuentos: “Rompiendo corazones con los dientes”(1998), “Escupir sobre París” (2005) y “Guía de hoteles inventados” (2007); y lo que vino después fueron otro libro de relatos: “Avisos de derrota” (2008), la “novela” “Concesiones al demonio” (2011), y como el cincuenta por ciento de Galgo Cabanas la novela negra “Cuando estás en el baile, bailas” (2012). Ahora me doy cuenta de que quizás esa promesa es de las pocas que he cumplido en mi vida y también de que me falta uno de sus libros: “Almanaque de los días felices”, IEA, 2009.

Más de cinco años en esto de abrir la bocaza para opinar han dado para mucho y para nada. Ya no soy el mismo de entonces. Veo más días el vaso medio vacío, lleno de humo y aguarrás, que de champán. Saber más me ha hecho perder la inocencia y de premio acidez de estómago; conocer las insuperables leyes de la electricidad y los apuntes contables.

Y ahora, en medio de esta montaña rusa desde la que contemplo ese club de campo, aparece éste “Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas” de Óscar y siento el alivio de que algunas cosas no hayan cambiado o desaparecido; sigan siendo igual que hace tiempo; antes de que me volviera consumidor habitual de Almax y melatonina. Que reaparezcan y pueda seguir cumpliendo mi promesa.

“Quisiera tener la voz de Leonard Cohen…” es una antología de relatos, una recopilación de algunos cuentos de Óscar ya publicados. Pero la plata, oscurecida por el paso del tiempo, vuelve en esta reedición a brillar como nueva: “El talento de las moscas”“El dios de las camareras”“Rompeolas”“Escupir sobre París”, “Cordero de Dios”… Podría haber hecho esta reseña sin leer el libro. Recuperando viejas palabras que no han perdido su sentido ni su valor. Citándome a mí mismo. Pero ¿por qué renunciar al placer en tiempos de ley seca?, a la buena suerte de una tregua en estos días agridulces de buscador de tesoros enterrados en la arena. Por qué rechazar el regalo de volver a leer, disfrutar otra vez con uno de los mejores narradores de cuentos que conozco.

Aunque no todo es reencuentro. No todos los cuentos son viejos conocidos. Hay (que yo sepa) uno inédito:“Los ojos del turista”; y en “La invisibilidad de los microbios” recoge dieciséis microrelatos (algunos ya los había leído) con –creo- desigual fortuna.

Los que ya lo conocen no necesitarán presentación alguna, tan sólo saber lo que se van a encontrar dentro. Y ¿quién no disfruta volviendo a ver una de sus películas favoritas y descubriendo un detalle nuevo o con los contenidos extra?

Los que no lo conozcan ésta es una buena oportunidad para hacerlo: apostar a caballo ganador en esta tómbola amañada con corriente alterna. Ya sé que esta no es una reseña estándar, que no cumplo las normas establecidas, que debería explicar de qué van los relatos y todo lo demás; pero no creo que a estas alturas Sipán se lo merezca. Por una vez haré otra cosa. En esta ocasión me limitaré a recomendarlo sin que sea mi hijo, mi amigo, mi novio, mi socio o mi compañero de colla. Me juego el poco prestigio que pueda tener a que un ochenta por ciento de los que lo lean no me reclamarán el dinero. Sólo seguiré este atajo esta vez porque me da la sensación de que Sipán no disfruta de los privilegios de los bautizados, ni de un cuarto con pensión completa en algún hotel, ni que nadie lleva su retrato y un mechón de su pelo en un camafeo.

Si a alguien debo recomendarles que lean a Óscar es a los aprendices de escritores, a esos insulsos que creen que para escribir un relato basta con juntar palabras sin faltas de ortografía, a los que se creen que la literatura está en el aire y en la tinta invisible que se oculta entre las líneas de sus adivinanzas. Todos esos deberían leerlo para ver si así se les pega algo, si por ósmosis o por lo que sea se infectan de su mismo virus. Leerlo para que luego traten de imitarlo, aceptar el reto de ver si son capaces de igualarlo.

Pero sobre todo a quienes me gustaría recomendarles que lo leyeran es a los que sé que nunca lo harán. Todos esos que afirman que el libro está muerto y la literatura es algo insustancial sin más futuro que reconvertirse en un archivo de Word dentro de un cuerpo de plástico inyectado. Todos esos desgraciados hijos de perra que creen que todo lo que deben saber está escrito en una hoja de Excel y que la belleza es lo que puedan comprar en los centros comerciales.

Afortunadamente hay algunas cosas que se mantienen en pie. Quizás mi vehemencia se haya domesticado diluida en el óxido de cinco años de lluvia, pero sigo pensando lo que ya dije, que la narrativa de Sipán es “subversiva”; es el “fogonazo” de un “artefacto explosivo” que “golpea, deslumbra, inquieta. Nos avisa para que huyamos de las tumbas que llevan nuestro nombre”. Es “estimulante”; chute de “anfetamina legal”; oxígeno en un garaje subterráneo. Que sus relatos son visuales, cinematográficos y literarios; el retrato robot de nuestra sombra y la ecografía de nuestras vísceras. Lo que él cuenta, y, sobre todo, cómo lo cuenta es lo que me gustaría escribir si Dios o el diablo me hubiera dado su talento.

Óscar Sipán. Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas. 124 páginas. Editorial Base. Barcelona, 2013.

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