Tito Montero. “Charlize Theron y las democracias ardientes”

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Reseña publicada en EntreTanto Magazine,  el jueves 30 de enero de 2014

http://www.entretantomagazine.com/2014/01/30/entre-el-aplauso-y-la-repulsa/

Entre el aplauso y la repulsa

De Tito Montero leí su anterior (y primera) novela: “10 corsarios”. Un texto en el que demostraba su talento y descaro pero en el que también se pasaba de frenada (derrapando y perdiendo el control) en lo humorístico.

Ahora presenta “Charlize Theron y las democracias ardientes” un libro con diez relatos y me acerco a él con la curiosidad de comprobar si un año habrá sido tiempo suficiente para que haya aprendido a escribir con moderación y morderse la lengua.

Aunque lo primero es hablar del libro y su aspecto. Lo que salta a la vista antes de empezar a leer. Y en ese sentido “Charlize Theron…” es un libro fuera de lo corriente que se agradece entre tanta uniformidad. Primero el color (buena y hábil elección que lo hará resaltar sobre los demás en la mesa de novedades) y después que en su interior -acompañando a ocho de los diez relatos- nos encontraremos con las excelentes fotografías en blanco y negro de Marcos Vega y García de Marina. Un valor añadido a cada relato que lo interpreta y enriquece en una imagen hecha a medida y a página completa. Aunque creo que las fotografías de García de Marina hubieran ganado mucho si se hubieran puesto en color en lugar de blanco y negro. La foto del autor, en igual formato y en primera página (nota bibliográfica detrás) y la de los fotógrafos en el interior de las solapas y las ilustraciones de cubierta e interior de David Rionda son un insólito y excelente trabajo de maquetación editorial. (Lo siento pero yo soy de los raros que se fijan en esas cosas). Pero además de todo eso Tito Montero nos ofrece dos contenidos extra que hacen de este libro algo todavía más original y que definitivamente consiguen que se salga de lo común. En “Charlize Theron y las democracias ardientes” hay dos relatos: “El elegido” y “Fracciones y proporcionalidad” en los que se ha inspirado Montero para escribir el guión y realizar dos cortometrajes de igual título que pueden verse en la web www.ardemocracia.com, con lo que el libro en su conjunto se convierte en un auténtico proyecto cultural que reúne literatura, fotografía y cine. En estos tiempos de pusilánimes, plañideras, homogeneidad y mercaderes del arte encontrarse a un bendito loco como Montero (no seré ten cursi de calificarlo como renacentista) y a una editorial valiente como Bestia Audax es algo tan alucinante y de agradecer que sólo por eso merece la pena aplaudir hasta romperse las manos.

Pero el objeto artístico tiene una parte de literatura que consiste en diez relatos y que comienza con “Siete paradas para Aluche” un cuento en el que Montero nos habla de ese escenario al alcance de la mano que es el metro de una gran ciudad y en el que a poco que prestemos atención podremos contemplar y adivinar los cortometrajes de cine mudo de sus protagonistas y figurantes efímeros. Montero nos habla de la emigración y sus peones, de la humana igualdad en sus diferentes razas, de mochilas y paranoias; pero de nuevo cae (o resbala) en esa conocida tendencia suya a la hipérbole al decir que “En este lugar es posible vivir sin llegar a ver nunca el azul del cielo. Me da pena”. Tendencia a lo histriónico o al chiste que repite en “Petromilonga”, que como idea ingeniosa puede quedar bien un sábado por la noche apurando la tercera copa, pero que convertida en relato no pasa de un guión para el club de la comedia. En el siguiente: “Szeretlek!” renuncia por fin a la hipérbole y la comedia para hablar en serio de la emigración y la prostitución, de los sueños robados o rotos y la fuerza evocadora de un olor. Reconciliación que se derrumba ante “Ardemocracia”, tanto, que en ese momento hubiera podido –sin remordimiento alguno- abandonar el libro. Y es que en ese relato Montero cruza una línea roja al quemar –en dos ocasiones- el Parlamento con todos sus diputados dentro, y sinceramente, ni como metáfora me parece justificable por muy asqueado, harto o cabreado que se esté. No seré yo el que defienda a los políticos corruptos, pero hacer del asesinato en masa –aunque sea mera ficción literaria o montaje en 3D- un acto de justicia quirúrgica, regeneracionista, ejemplarizante o utilitaria me parece un juego inadmisible. Algo que dice muy poco (o habla muy claro) del carácter democrático del que lo hace. Porque ¿qué diferencia hay entre un golpe de estado militar y un incendio revolucionario teñido en rojo y/o negro? Hay ciertas cosas que ni como broma ni performance por escrito son aceptables. La provocación –ese manido epatar al burgués- no puede ser la carcajada de un pirómano inquisidor.

Y dije que entendería que cualquiera – a no ser que se sea de los que les gusta concentrarse por la noche en la calle con un pasamontañas y un cóctel molotov en la mano para demostrar su opinión- llegado a ese relato lo hubiera dejado, pero yo no lo hice. No por estar de acuerdo (creo que ya ha quedado clara mi repulsa) sino por la curiosidad de saber qué había en los siguientes relatos. Si “Ardemocracia” era un calentón (no quiero calificarlo de anécdota gamberra) del que Montero podría arrepentirse simplemente no volviéndolo a repetir o que lo que quedaba era una continuación que definitivamente me hiciera donar su libro al parque de bomberos. Y en los siguientes seis relatos me encontré con dos excelentes: “Charlize Theron” y “Estratosfera”, en los que demuestra su innegable talento literario y una acertada crítica social. En el primero trata de la dictadura de la belleza física que atormenta y humilla a las mujeres que no la tienen y en el segundo nos habla de los nuevos héroes –aventureros que hacen saltos estratosféricos- en comparación con los hombres corrientes que toman conciencia de su insignificancia desde el vértigo de su derrota. “El elegido” es un muy buen relato que nos habla de un reality show de la televisión, una crítica ácida, realista y –esta vez sí- humorística sin excesos de velocidad. En “Estrés de captura” y “Pechos filosóficos para hombres que dominan el mundo” comparto en parte su crítica, pero me parece que recurre a algunos lugares comunes –estereotipos y caricaturas- y cae de nuevo en la hipérbole. A Montero lo prefiero cuando se hace más sutil y por lo tanto más inteligente. Y lo mismo le sucede  en el último: “Fracciones y proporcionalidad” que acierta en reflejar el punto de vista –sin inquietudes sociales- de un adolescente y en lo contradictorios –entre sus palabras y sus decisiones- que pueden ser los adultos que sí las tienen y lo ridículos que resultan cuando las expresan cayendo en un patético maniqueísmo.

No veo mal que un escritor decida ser combativo, hacer crítica social con la literatura siempre y cuando no caiga en el mitin y, sobre todo, no se convierta en un fanático que sueña con una botella de queroseno.

Tito Montero. “Charlize Theron y las democracias ardientes”. 79 páginas. Bestia Audax. Asturias, 2013. Fotografías de Marcos Vega y García de Marina. 

Tito Montero. “10 corsarios”

¿Por qué?

Empieza apostando fuerte: un asesinato y una escena de sexo en los dos primeros y breves capítulos. Pero empieza mal: “…7, 6, 5 y medio, 5, 4 y medio, 4, 3 y medio, 3, 2 y tres cuartos, 2 y medio, 2 y cuarto, 2….” ¿Por qué esa bobada infantil, esa gracieta en esa cuenta atrás cuando lo que está contando es el tiempo que está tardando en morir ahogado un hombre? ¿Por qué esa tontería inoportuna, fuera de lugar? La escena no se lo merece. Y luego: “El tipo seguía agonizando. Su lengua colgaba hacia fuera y daba coletazos como una vaca que intenta acabar con la mosca cojonera que le está amargando la plácida tarde de verano.” Menudo símil. Desafortunado. Y los dos en la primera página.

Un buen párrafo final consigue equilibrar el primer capítulo, pero el segundo es  simplemente una escena de sexo jocoso y trillado: un policía que chulea a una puta. Está arriesgando mucho, un lector con menos paciencia ya le habría descalificado, pero la brevedad (dos páginas) le salva y decido esperar un poco más. En el siguiente me tropiezo con un “oro etílico” al hablar de una cerveza. No remonta. Hasta ahora los aciertos no han pasado de un (muy) ágil uso del lenguaje aunque peligrosamente coloquial. En los siguientes capítulos una (breve) biografía del personaje principal lo presenta como un playboy que se las liga a pares (bizarro y fantasmón) y después aparece una mujer a la que “el tanga rosa le asomaba debajo de sus pantalones” y es observada en plena calle por un grupo de (simios) hombres en celo. Una situación absurda que se resuelve convirtiendo a la chica en un súbito Harry sucio, fuerte y ejecutor. Estoy empezando a tener alucinaciones: un castizo casanova y una mujer que dice palabrotas y derriba a los hombres de una patada en los huevos. Y entonces llega la escena de (otra vez) sexo de las páginas 45 y 46 y eso ya no hay quien se lo crea ni lo soporte: “… se inició en el Lengua´s Arena de sus bocas el combate por el título mundial de la Federación Internacional de Lucha Libre” “Los ensayos preliminares de “Con la porra muy dura” empezaron a pasar a mayores”. Me temo que aquí cualquier lector sensato habría abandonado, pero no lo hago. Y no lo hago porque confío en el editor. Algo tiene que haber para que lo haya publicado. Y aguanto aunque me encuentro con otra gracieta fuera de lugar: “… intentó recordar el manual de los Jóvenes Castores, pero eso tampoco funcionó demasiado bien” cuando está narrando la situación de un hombre encadenado a la pared condenado a morir de inanición. Otra vez desafortunado. Pero es precisamente ese crimen y la investigación que se pone en marcha los que consiguen que continúe leyendo y llegue al capítulo 17 en el que aparece el segundo (tercer) asesinato esta vez narrado en serio y con buen estilo literario. Tres asesinatos que relacionan un manuscrito inédito con un lector profesional, un prestigioso agente literario y  un importante editor.

Y a partir de ese momento la novela empieza a animarse y aparece todo lo bueno que “10 corsarios” guarda: otro asesinato (cuarto) bien narrado (aunque con un método un poco ridículo) en una madrugada en Salamanca. Una trepidante escena de acción con su persecución por la ciudad aunque con su tontería incluida: “Desfallecido, Miguelito vio como Sirgo se acercaba y dejó de sentir el dolor justo cuando el policía le reventó los huevos de una certera patada en la ingle. Criadillas a la rusa revueltas y reconstruidas. Sirgo acababa de ponerse a la altura de Ferrán Adriá. Una estrella Michelín”. Un policía redimido de su pasado y vivo de nuevo (sin tonterías). Una periodista ambiciosa y sin escrúpulos dispuesta a todo (literal) por conseguir información sobre los asesinatos que alimente el morbo y la audiencia del share del programa de televisión en el que trabaja. El magnífico capítulo de la venganza y asesinato (cinco de golpe) del grupo artístico-literario “Los crudos”; una crítica mordaz al esnobismo y al ego superlativo de algunos escritores. La genial (e irónicamente real) parodia del programa de Buenafuente: “Estos crímenes han sido la campaña de marketing más agresiva y efectiva que he visto en mi vida”. El capítulo en el que deja al descubierto lo que supone de negocio para la editorial la publicación de una novela: “De hecho, me da igual si es inocente o no. La editorial va a vender cientos de miles de ejemplares del libro en ambos casos. Vamos a ganar mucho dinero gracias a estos crímenes”. Y lo que supone para el autor, lo que busca y obtiene con la publicación de su novela: el reconocimiento, la fama, el triunfo: “Ya tienes una oferta millonaria para publicar la novela y alguna propuesta de adaptación al cine”. Y un final con “un plan” que es una hábil trampa muy peliculera, visual y eficaz.

Sí, en la segunda mitad el interés se hace evidente, avanzas deseando saber cómo acaba y te has olvidado de lo anterior. Lees con ganas, pero cruzando los dedos para que Montero no meta ningún chiste tonto, vuelva a meter la pata de nuevo. Y me fastidia que parezca no ser capaz de evitarlo. Me fastidia que alguien capaz de narrar, de inventar una trama y ponerla en movimiento, de escribir bien, con agilidad y estilo, la cague (por usar su propio lenguaje) de esa manera: “La sangre se le concentrase con lujuria en la entrepierna. Le ponía, pero no de una manera normal, le ponía a la Cántabra, en plan Revilla”.

Hubiera bastado un poco (más bien un mucho) de sensatez y dominio en esa vena histriónica; eliminar todos esos símiles ridículos, esas fantasmadas, esos sueños calenturientos. ¿Por qué no escribir en serio cuando es posible hacerlo?

Tito Montero. “10 corsarios”. 213 páginas. Bestia Audaz. Asturias, 2012.

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